jueves, 27 de agosto de 2015

EL LITIGIO DEL DORADOR JOSÉ LACRUZ Y EL CONVENTO DE VALENTUÑANA


           Los escultores Tomás Vicién y Francisco Menac  terminaron de tallar en 1730 el retablo mayor de la iglesia del Convento de Valentuñana. Ahora había que pintarlo y dorarlo, y para ello la comunidad carmelita del convento formalizó, el 14 de mayo de 1731, el documento notarial o capitulación con el maestro pintor y dorador, vecino de Jaca, José Lacruz, la realización de este trabajo.
En el documento notarial Lacruz se obligaba a dorar, con la máxima perfección que exigía el arte,el retablo mayor del convento, encarnar y estofar los santos y todo lo que fuere necesario. Además se estableció que el trabajo debía estar terminado en mayo de 1733, y que al dorador se le debía contribuir con 1300 libras jaquesas.
Retablo mayor de Ntra.Sra. de Valentuñana
Tras comenzar José Lacruz las tareas de dorado, el Prior del convento, fray Bartolomé de San Miguel, manifestaba que Lacruz no cumplía con lo estipulado en la capitulación, por lo que solicitaba al Alcalde Mayor del partido de las Cinco Villas que el pintor cesase en su trabajo y se le embargaran sus herramientas e instrumentos de trabajo.
El 3 de abril de 1732 el licenciado don Juan Francisco de Venero, abogado de los Reales Consejos y Alcalde  Mayor por S.M. del partido de las Cinco Villas ordenaba el citado embargo a través de un auto, procediéndose al día siguiente al cumplimiento del mismo. A José Lacruz le embargaron cuchillos de dorar, brochas, pinceles, calderos, vasijas de vidrio, y más y diverso material profesional que quedó bajo la custodia del sosiense José Meoz.
Ante esta situación Lacruz rogaba, aludiendo a su profesionalidad, le devolvieran cuanto antes su utillaje y que no admitiesen a ninguna otra persona para terminar la obra, pues ya había terminado el cuerpo superior del retablo, el tarjetón y las estatuas de los santos, faltando poco para su culminación. Pero fray Bartolomé de San Miguel le replicaba argumentando su falta de profesionalidad, recordándole su último trabajo en el retablo mayor de Salvatierra de Escá, donde Lacruz vendió gran cantidad de oro que había comprado la Primicia, lo que producía irregularidades en los baños de oro del retablo. Además, también le reprochó el Prior que en la iglesia de Sigüés, donde también trabajó Lacruz, el dorador se gastó todo el dinero antes de concluir la obra y el rector de la parroquia tuvo que entregarle 70 escudos más   para que la terminase. Y por lo que respecta al trabajo actual en el convento de Valentuñana, Fray Bartolomé le acusaba de falta de fidelidad por haber ocultado un millar de panes de oro, recordándole, además, su gran negligencia y falta de profesionalidad por no haberse aplicado con el debido cuidado en la obra, pues le habían ayudado en su trabajo dos jóvenes aprendices.
Durante el proceso del litigio, los peritos de ambas partes fueron requeridos para tasar lo trabajado por Lacruz hasta el momento. Así, Rafael Logroño, maestro dorador de la ciudad de Pamplona, en representación de Lacruz, expresaba que la obra contenía los baños de yeso correctos y que el oro empleado en el dorado era de buena calidad, sin mezcla alguna, haciendo una única observación de simple crítica diciendo que el color azul del manto de la Vírgen debía ser más oscuro.
De la otra parte, representando a los carmelitas del convento, el maestro dorador y estofador Matías de Moler, de Navascués, manifestaba que existían algunos rozamientos en distintas partes de la obra con escasez y mala calidad del yeso empleado, insistiendo en que se debían estofar las alas de los ángeles.
El 3 de julio de 1732 el abogado de los Reales Consejos, don Juan Francisco de Venero emite un dictamen en el cual José Lacruz había faltado a lo pactado y estipulado con los carmelitas, por lo que debía ser cesado en la ejecución de la obra, no sin antes enmendar los defectos señalados, teniendo que pagar igualmente las costas de la causa. Asímismo se le concedía al Prior del convento la libertad de elegir otro dorador para finalizar la obra.
El 4 de julio se comunicó el fallo de la sentencia a ambas partes, y Lacruz, no conforme con él, apeló a la Real Audiencia del Reino de Aragón, quien dispuso todo lo contrario al fallo emitido por el Real Consejo. Lacruz podía proseguir con su obra, según las condiciones de la capitulación, se le relevaba de la multa impuesta por el Alcalde Mayor y se le tenía que devolver todas las herramientas y material embargado para poder acabar el trabajo.





BIBLIOGRAFÍA

-COSTA FLORENCIA, JAVIER. El convento de Valentuñana y el dorador José Lacruz. Diario del Alto Aragón. 15 de diciembre de 2002. Pag. 8.