domingo, 18 de diciembre de 2016

EL CASTILLO DE ROITA


Castillo de Roita, en Sos del rey Católico

Situación

Coor. geográficas
-1º 11´98"
42º 47´30"
Coor.UTM ETRS89 H30
654557
4704012

El castillo de Roita pertenece al término municipal de Sos, y aunque no se encuentra muy lejos de la villa sí que es cierto que resulta más dífícil su localización y acceso al mismo que otros castillos de la zona, por eso es de los menos conocidos de Aragón; pero merece la pena visitarlo por su majestuosidad y belleza, aunque actualmente se encuentra en total estado de abandono y dejadez, siendo la propia naturaleza, con sus zarzas, maleza, árboles y todo tipo de vegetación quien se está adueñando del espacio que ocupa.
 Lo podemos situar a unos ocho kilómetros en línea recta al este de Sos del Rey Católico, en un bello entorno natural, el barranco de la Rinconera, muy cercano a la localidad de Petilla de Aragón, a 920 m de altitud, en lo alto de un cerro en el corazón de los montes de los cuales toma su nombre (montes de Roita) y con un amplio dominio visual. Esta extraordinaria posición, haciendo frontera con Navarra, dominando el valle del río Onsella y la entrada hacia las sierras interiores de las Cinco Villas, lo convirtieron en un privilegiado y codiciado enclave tanto para musulmanes como para cristianos.
Para llegar hasta él podemos realizar el recorrido de diferentes maneras: a pie, en coche o combinando ambas formas(ver).

A la derecha del corral derruido comienza el sendero de ascenso al castillo
Para hacer el trayecto en coche desde Sos (se recomienda un todo terreno) debemos tomar la carretera A-1601 que va a Navardún y unos metros antes de llegar al municipio hay que desviarse a nuestra derecha por la A-2601 hacia Petilla de Aragón. Tras 1.900 kilómetros de carretera veremos a nuestra izquierda la pardina de Ceñito, donde podemos contemplar el caserío y su bella iglesia románica(ver ermita). Justo enfrente del caserío, a nuestra derecha, nace una pista forestal que vemos que se interna en los montes. Nos metemos por esta pista, y tras recorrer 4,900 kilómetros por ella tomamos un desvío a nuestra izquierda, en curva cerrada, bastante empinada y cuyo ancho de pista es algo más estrecho que el que llevábamos hasta aquí, y tras recorrer por ella unos seiscientos metros nos deja en la base del castillo, donde la pista se ensancha y podemos dejar el coche. Allí mismo vemos los restos de una casa o corral abandonado y derruido. A partir de aquí hay que subir andando a través del monte por un sendero, señalizado con un poste marcado con dos franjas roja y blanca, que comienza junto al corral mencionado. Es un tramo corto, fácil pero muy empinado. El esfuerzo habrá merecido la pena una vez que lleguemos al castillo y contemplemos el bello y majestuoso castillo y las maravillosas vistas que pueden verse desde allí.
  Es de suponer que desde lo alto de las torres se vieran los castillos de Petilla y de Sos, pues era condición indispensable en la construcción de los castillos de la época el contacto visual con las fortificaciones próximas, ya fueran torres de vigilancia o castillos. De todos modos podemos decir que actualmente desde el castillo de Añués, en la frontera con Navarra, muy cerca de Sangüesa, que se encuentra a varios kilómetros de distancia de éste, se ven claramente las torres de Roita.

El pueblo de Petilla (Navarra) asoma entre los montes
          Historia

Antes de comenzar hay que aclarar las constantes y desacertadas atribuciones históricas a este castillo por parte de prestigiosos y notables estudiosos de la historia y la castellología, que han atribuido al castillo de Roita hechos históricos pertenecientes a otro castillo, todavía no encontrado, y aunque no se sabe su ubicación exacta, sí que estamos en condiciones de certificar su emplazamiento aproximado por la documentación existente y los datos que conocemos.  Pero vayamos por partes.
Primeramente separemos los dos castillos en razón a los distintos nombres conocidos y que hasta ahora todos ellos han sido atribuidos a Roita.
Este castillo en el que nos encontramos es el denominado Royta, Rueyta, Ruyta, Ruieta, Cercastiel, Cer Castiello o Cercastiello, ningún otro nombre más.
Originariamente el castillo era conocido con el nombre de Cercastiel o Cercastiello. Cercastiello está formado por el antropónimo, o nombre propio, “Cerco” y el apelativo “castillo”, dando origen a un topónimo relacionado con el propietario del terreno: “Castillo de Cerco”[1]. No se le empezaría a llamar Roita hasta finales del siglo XIII, según Mª Jesús Berraondo, posiblemente coincidiendo con el inicio de la construcción que actualmente observamos[2]. Y, al igual que Cercastiello, el topónimo Roita tiene su origen en el nombre propio del propietario del terreno: “Ruetius”[3]. Posteriormente se le fue llamando Arrosta, Arroitia, Arroita, Ruita, y ahora Rueyta o Roita.
Pero ¿Cómo sabemos que Cercastiello y Roita son el mismo castillo? Afortunadamente la documentación aportada por Bofarull y Mascaró sobre las rentas reales de Aragón en los siglos XIII y XIV nos lo aclara inequívocamente: “cer Castiello que es dit Rueyta”(1294)[4]. No puede ser más explícito.
Hasta aquí todo queda claro, pero antes de pasar a enumerar los otros nombres que se han atribuido a Roita y que pertenecen al otro castillo, que más adelante veremos, hay que decir que  Roita también ha sido confundido por varios historiadores con Ruesta, probablemente por su similitud fonética y no demasiado distante en su ubicación. Así, Goñi Gaztambide indicó que Roita era Ruesta[5]; ó Madoz, que aunque los datos aportados en su diccionario corresponden a Roita los atribuye a Ruesta[6], pero la distinción entre estas dos fortalezas está bastante bien definida actualmente.
El problema y los mayores errores se han producido con los demás nombres que identifican a otro castillo y que sin embargo se han atribuido a Roita, junto con su historia. Nos estamos refiriendo a Charat K´achtila, Xera Caxtila, Serracastellum, Sercastiello, Serracastel, Serra Kastellu, Serracastiello, Sierracastiello, Sierracastello, Serra Castellum, Sierra Castel, Serracastellu o Sierra Castillo; todos son el mismo castillo, y aunque todavía no se conoce su exacta ubicación, como indicamos al principio, por la documentación existente se situaría en la zona de Salinas de Jaca. Precisamente la ausencia de restos de esta fortificación, de la que se pensaba que no existía, sumado a esta fonética tan similar entre los dos castillos (Cer castel y Sierracastel) y a las erróneas transcripciones y traducciones de los textos y documentos por parte de muchos estudiosos, es lo que ha dado lugar a continuas confusiones en la identificación, ubicación y análisis de la historia, atribuyendo toda la información existente al único castillo que se conocía: Roita, lugar del que no se sabía nada hasta que Abbad Ríos lo incluyó en su catálogo monumental de España[7].
El castillo se yergue majestuoso sobre la roca caliza
 Dicen los investigadores e historiadores que la historia de este solitario castillo montano de Sierra Castillo es muy interesante por haber formado parte de las defensas extremas de la llamada “marca superior”, o también “marca de Zaragoza”, según Al-Udrí, y que fue conquistado por Sancho Garces I en 911 frente a efectivos de una expedición de castigo que dirigida por Al-Tawil regresaba de Navarra y se estableció en su castillo llamado Charat K´achtila o Xera Caxtila, y que Lacarra  indicó que se puede traducir por Cer Castiel o Sierra Castillo, identificándolo con Cercastiello o Rueyta[8], al igual que Guitart, quien dijo que Cercastillo y Sierracastillo eran Roita[9]
 Antonio Ubieto, en este regreso de Al-Tawil a su fortaleza, comenta que se estableció sobre un castillo llamado Charat K´achtila, al que erróneamente adjudicó el nombre de Cercastillo, aunque sí lo ubicó bien en la zona de Salinas de Jaca. Además, Ubieto añade que Codera emplazó Charat K´achtila en Cercastiello, al que confundió con Ruesta[10]. Parecida es la adjudicación de Arbeloa, quien también atribuyó Charat K´achtila a Cercastiello, pero junto a Ruesta[11].
Ana Isabel Lapeña sitúa bien Serracastellum en la zona de Salinas de Jaca, pero lo traduce como Cercastiel[12]
Mª Jesús Berraondo, en 1983, y siguiendo los datos aportados por Guitart y Lacarra, continúa con las mismas confusiones[13]; una década más tarde, en un excelente artículo en la revista suessetania nº 12 la misma autora nos desenreda todo este embrollo, haciendo un profundo estudio, clarificador y diferenciador de los dos castillos en cuestión, artículo que tomo como referencia para aclarar todo este desorden[14].
Después de todo este enjambre de confusiones y erróneas traducciones, transcripciones y atribuciones, no es de extrañar el lógico desconcierto que generaba la identificación y ubicación de ambos castillos, pero al menos ya han quedado bien claros los nombres con que se identifican estas dos fortificaciones y su ubicación: Roita, Rueyta, Cercastiello etc.. en el lugar que lo conocemos, en Sos, y Charat Kasthilla, Serracastiello, etc...en la zona de Salinas de Jaca.
Una vez aclarado esto, vayamos a ver qué nos dice la documentación existente sobre estos dos castillos para separar definitivamente la historia, hasta ahora atribuida erróneamente a Roita, y adjudicar los textos  a cada castillo.  
Hay algún dato escrito que nos clarifica algo este enredo, y es el hecho de que cuando los documentos hablan de Serracastiello o Sierra Castillo lo hacen siempre mencionando su dominio. Así, en un documento procedente del monasterio de Leire del año 938[15] el rey García Sánchez I confirma a los monjes sus derecho sobre las décimas de veintidós localidades, todas ellas situadas en las Cinco Villas y en la Jacetania:”...Uncastillo, Luesia, Biel, Sos...Agüero, Murillo,...Serracastello cum suo dominatu,...” Hacemos notar que ya desde esta época Sierracastiello se menciona con su dominio y que, aunque en este documento no se detalla, por escritos posteriores sabemos que ese dominio era sobre las localidades de Salinas, Fañanás, Villalangua, Gavás, Mullermorta, Bayetola, Novemfontes y Biartum, todas ellas situadas entre la sierra de Santo Domingo, Salinas y Bailo[16].
En otro documento de 1036[17], al quedar divididos los territorios del viejo reino entre los hijos de Sancho, Ramiro I dotó a su esposa Gisberta, hija de Bernardo de Couserans-Foix, Conde de Bigorria y de la condesa Guarsinda o Garsinda de Bigorra, quien cambió el nombre por Ermisenda, de los castillos, pueblos y fincas de Atarés, Senebué, Tena, Arres, Lobera, “...et castrun qui vocatur Serracastellum cum suas villas et cum suis terminis...”,(vuelve a aparecer Serracastellum con sus villas y términos), citándose como tenente a Lope Sangiz, además de ser uno de los firmantes del escrito. En 1037[18], y en otra donación de Ramiro I, se cita a Aznar Galindonis como tenente de Serra Kastellu, que seguirá documentalmente hasta el año 1043[19]. (A ambos tenentes, Lope Sangiz y Aznar Galindonis, se le habían atribuído erróneamente la tenencia del castillo de Roita, cuando en realidad lo fueron del de Sierra Castillo)
El castillo de Roita asoma entre la espesa vegetación
Sin embargo, cuando la documentación habla de Roita, Cercastiel o Cer Castiello, lo hace siempre indicando ser un paraje solitario, además de reseñar en algún caso, como ya hemos visto, que Cer Castillo es Roita. Nos lo dice Bofarull[20] detallando las cuentas reales de Aragón de los siglos XIII y XIV, en las que en un documento de 1294 dice: “ Cer Castillo que es dit Rueyta no y ha tan solament el castiel y el munt (en Cer Castillo o Rueyta no hay más que el castillo y monte) y más adelante continúa: “...en esti lugar no a pueblo sinon el castillo”, es decir, que en Roita no hubo villa ni población, sólo el castillo, aislado, en mitad del monte. “Cer Castillo es Roita”: parece ser que a finales del siglo XIII es cuando empieza a ser citado Roita como tal en vez de Cercastillo, posiblemente debido a la reconstrucción del castillo que se hizo en esta época, como ya indicamos anteriormente, según Berraondo. Según Marcelino Cortés, esta retoponimización del lugar, que recoge muy bien el documento antes mencionado, es otra de las causas de la confusión, pues en un principio el castillo era conocido como Cercastiel o Cercastiello y posteriormente pasó a denominarse Roita[21].
Más datos sobre Sierracastillo, Serracastel...[22]:
Sobre el año 1076, García, obispo de Jaca y hermano del rey, arrebató al obispo de Pamplona las iglesias de Murillo y Agüero, siguiendo el ejemplo de sus antecesores que habían sustraído a Pamplona las iglesias de Eliso, Castelmanco, Serracastel y Tolosana, según Goñi Gaztambide[23].
Tras fallecer el obispo de Pamplona, Blasco, el obispo de Jaca, García, se hizo proclamar también obispo de Pamplona. Las disputas entre los dos obispados prosiguieron durante muchos años más, y con la llegada del obispo navarro Pedro de Roda (1083-1115) estas fueron más tenaces. Los obispos de Aragón,- decía el de Pamplona- habían arrebatado injustamente a sus predecesores de Pamplona las iglesias de Eliso, Castelmanco, Serracastel con su dominio, Tolosana, Agüero y Murillo.
En un documento que se cita en el cartulario de Santa Cruz de la Serós[24], Ramiro II concedió a este monasterio, en enero de 1135, lo que le pertenecía en las salinas de Sierracastel,”...illa salina de Serra Castello...”.
En 1205, el abad de San Juan de la Peña, Fernando, y el rey Pedro II de Aragón permutaron unas fincas. El abad Fernando cedió el castillo y términos de Obelba, en Salvatierra, y el rey concedió al abad el señorío de la villa de Martes y la honor de Serracastiello con sus localidades[25], por lo que a partir de entonces San Juan de la Peña dispuso de las Salinas de Jaca para su uso y venta.
En 1274 Fernán Sánchez, hijo ilegítimo de Jaime I, y los de su bando se despidieron como vasallos del rey de Aragón porque estaba desheredado de Pinzano (¿Pintano?), Lorbés, Sasa, Sierracastello y Foradada[26].
En 1276 el infante Pedro, futuro Pedro III, efectuó otro cambio de villas y castillos con Rodrigo Jiménez de Luna, quien entregó Las Cellas y Ponzano a cambio de Serracastiella, entre otras villas y castillos. Jiménez de Luna tuvo Serracastiella durante 18 años, hasta que en enero de 1294, al recibir del rey Jaime II el castillo y la villa de Bolea y la Torre de Murillo de Gállego con sus aldeas, devolvió a la corona el castillo de Serracastel con todas las villas pertenecientes a él y sitas en sus términos[27].
Seguidamente, Jaime II empeñó el castillo a Alamán de Gudar por una cantidad de trigo. Pedro Boyl, tesorero de Jaime II, lo indicaba en las deudas reales de 1302:   “...item an Alamán d´Agudal per retinencia dels castells de la Penna e de Serracastiel et de Jaz los quales li son obligats per le senyor rey per deute que li deu III mill solidos jaqueses... [28]”. La deuda debió ser saldada porque Alamán devolvió el castillo.
Durante un corto período de tiempo el castillo lo tuvo Rodrigo de Biscarre[29], al que el rey mandó entregar 1.500 s.j. en razón de la tenencia, según se indica en los libros de tesorería de la Casa Real de Aragón que transcribió E. González y que dice así: “...XIV die dicti mensis madie, en Valencia, done 1.500 s.j. an Rodrigo de Biscarre los quals a ell eren deguts per rahon de la retinensa del castell de Serra Castiello, lo qual ell solia tenir e los quals lo Senyor  Rey a el habia assignats sobre el monedatge d´alguns locs d´Aragon ab carta sua qui es data Ilerde 16 Kls. Marcii anno Domini 1301...”.
Jaime II, el cinco de noviembre de 1301 restituyó al monasterio de San Juan de la Peña:”...castrum de Sierracastiello et loca predicta Salinas, de Fanyanas et de Villla longa, cum hominibus et feminis, terminis, montibus et planis, redditibus, exitibus et proventibus et universis aliis auribus et pertenenciis ipsorum locorum,..[30]”.
En cuanto a relatos históricos tenemos la crónica del historiador árabe Aben-Adari, que nos habla de una expedición de Mohammed ben Abd el-Melik et-Tawil, señor de Huesca, y por Abd Allah den Mohammed ben Lope, señor de Tudela. La crónica, citada por Antonio Ubieto, cuenta que la expedición se apoderó, entre Huesca y Pamplona, del castillo de Hicn el-Berber o Al-Berber, otro castillo no localizado, y que Codera ubicó, dudosamente, en el término de Santa Bárbara de Monreal, y que luego la expedición renunció ir hacia Pamplona y retrocedió hasta uno de los castillos de su dominación llamado Charat-Kachtilla o Xera Caxtila (que Codera confundió con Ruesta)
Si repasamos el texto, la expedición salió de Huesca, y siguiendo el camino de La Peña-Bailo hacia Puente la Reina de Aragón, los expedicionarios dieron media vuelta antes de remontar el accidentado puerto de Santa Bárbara, donde en las cercanías de Bailo existe un monte llamado Castiel Mayor situado junto a la ermita de Santa Bárbara, donde es muy probable que se ubicara el castillo de Al-Berber (Santa Bárbara), y más atrás la zona geográfica de Salinas de Jaca, donde la expedición regresó a su castillo de Charat-Kachtilla.
Con todo esto queda claro que Sierra Castel y los lugares de su dominio estaban en las montañas de Jaca, cerca de Salinas de Jaca, y no en las de Sos, así como los topónimos homónimos citados del castillo: Sierracastiello, Serra Castiello, Serracastiel, etc...pertenecen a este mismo castillo.
Sería cuestión de buscar por los términos de Salinas de Jaca y Villalangua los restos de este castillo.
Una vez aclarado esto, vamos a ver los datos históricos del castillo que nos ocupa: Roita, Rueyta, Ruyta, Roitia, Cercastiel o Cer Castiello.

Datos históricos de Roita
Pocos datos tenemos de este castillo hasta el siglo XIII.

El amplio y lejano campo visual llega hasta la cordillera pirenaica
        Cercastiel, en un principio, fue una fortaleza árabe en la frontera de la ocupación musulmana. No sabemos cuándo la construyeron, pero podemos decir que quizás a mediados del siglo IX. Los musulmanes levantarían una torre de base pétrea en el punto más alto del roquedal aflorante, es decir, en el lugar que actualmente ocupa la semidestruída torre suroeste, de la que partiría una empalizada de madera hacia el este, hasta la inconclusa torre de la capilla (ángulo sureste). De la época islámica han llegado a nuestros días algunos sillares y unos interesantes pequeños fragmentos de cerámica. Posiblemente se trataría de una primitiva torre[31].
Cercastiel aparece mencionado ya en el año 1055 en documentos referentes a la línea defensiva realizada por Sancho el Mayor.
 La división territorial que siguió a la muerte de Sancho III impuso una nueva dimensión al concepto de tierras limítrofes, el castillo se reforzó, siendo un importante punto defensivo en la guerra entre Navarra y el Condado de Aragón.
En tiempos de Ramiro I, aquella primitiva torre, tal vez rechoncha y mínima en su obra pétrea y coronada por un voladizo ígneo de madera corrido, se encontraba en estado completamente ruinoso, ya que durante una centuria su significado y función defensiva no habrían tenido ningún sentido[32].
En 1068 el rey Sancho Ramírez dio a San Juan de la Peña la selva de Arrosta (Roita)[33]
En 1254 aparecen las primeras noticias sobre el castillo de Ruyta, al que aparece vinculado el noble Sancho de Antillon. No se sabe con certeza cómo Roita pasó a manos de este noble, pero parece ser que fue una donación de Jaime I, teniendo en cuenta que Vallés de Antillón fue uno de los caballeros que le rescataron del castillo de Monzón cuando el infante Fernando, su tío, lo tuvo secuestrado en esa fortaleza.
 Sancho de Antillón, en este año de 1254, mantuvo un pleito con el obispo de Pamplona Ximenez de Gazolaz, hombre que ha pasado a la historia no sólo por su condición de prelado sino por sus actividades económicas debido a que el castillo y su heredad se encontraban dentro de la diócesis de Pamplona, y por lo tanto debía satisfacer a ésta las deudas de los diezmos y primicias de años pasados y los futuros, estimando los atrasos en mil aúreos alfonsinos. Por su parte, el de Antillón decía que los diezmos y primicias le pertenecían por privilegio apostólico concedido a sus ascendientes y a los próceres de Aragón y que estaba en posesión de ellos desde tiempo inmemorial.
 La situación se había tornado muy tensa y complicada, porque las gentes del obispo habían entrado violentamente en la sierra de Ruyta y cortaron 25.000 árboles, arrasaron las cosechas, entraron con sus rebaños, y obligaron a los hombres a refugiarse en el castillo. Por todos estos daños Sancho de Antillón pedía una indemnización al obispo, en concepto de daños, por la destrucción de 2.000 cahíces de trigo, y 30.000 sueldos por los daños causados en los árboles[34].
 La cuestión se resolvió nombrando hombres buenos como representantes de ambas partes: Fray Andrés de Albalat, obispo de Valencia, canciller del rey de Aragón y el noble don Jimeno Pérez de Arenoso. Tanto el procurador del obispo, Martín Pérez de Zuazo, como el señor de Ruyta, alegaron estar en posesión desde tiempo inmemorial del derecho a percibir los diezmos y primicias, con lo que la solución se veía difícil; y aún se agravaba más por los daños causados por los hombres del obispo en el dominio de Roita.
Los árboles dificultan a veces el camino hasta la cima
Los mediadores acordaron que el obispo percibiría la cuarta parte de todos los diezmos del lugar de Ruyta, y que el resto sería para el de Antillón, quien a su vez debería de mantener un capellán en la iglesia. El resultado fue un auténtico revés para Sancho, porque el obispo jamás reconoció los enormes daños causados por los suyos, y mantenía además el derecho de la visita anual a la iglesia y la percepción de diez sueldos al año en concepto de procuración y de conferir la institución canónica al capellán que le presentara don Sancho.
 Los miembros de la familia de Antillón llegaron a señorear sobre Abiego, Abizanda, Antillon, Artasona, Castiello, Cella, Clamosa, El Grado, Ponzano, Puy de Cinca, Ruyta, Siétamo y Solanilla. Todos estos lugares, con la única excepción de Rueyta, y algunos otros lugares adquiridos después, formaron la baronía de Antillon a partir de 1414. Este linaje medró ya desde los tiempos de Alfonso I, cuando Juan Galíndez de Antillon ayudó a este monarca durante el cerco de Zaragoza. Sancho de Antillon fue uno de los caballeros que acompañaron a Pedro III a Sicilia en 1282, e incluso defendió el reino frente a la agresión de Navarra desde su castillo fronterizo de Rueita, en 1285, sin embargo su comportamiento con sus señores naturales, los reyes de Aragón Pedro III y Alfonso III, fue ambiguo en determinados momentos, y así vemos que el primero de estos monarcas incluyó los ocho lugares que dependían del de Antillon, entre los setenta a los que ordenó que no pagaran las caballerizas a sus señores, y sí al representante del rey, Iñigo López de Jasa ( Gonzalez Antón)[35].
El estado de ruina en que quedó Ruyta tras la incursión de los navarros, y tal vez el orgullo herido de aquellos altivos señores, motivaron la retrocesión y venta posterior del castillo y sus posesiones a los Artieda en fecha imprecisa, pero anterior a 1294, año en que lo detenta Alfonso de Artieda (Bofarull (...) tenet castrum Rueyta alfonso de artieda ad consuetudo Ispaniae, y su hijo Alfonso por cccc sueldos (Guitart).
De 1294 data también un documento de las Rentas Reales de Aragón[36] donde dice que el custodio del castillo de Ruyta, Pedro Alfonso de Artieda, recibía la nada despreciable cantidad de 450 sueldos, a cobrar 300 sobre los derechos de cena de Castiliscar y 150 sobre la cena del lugar de Navardún, ya que el alfoz, que era propiedad real, era constantemente invadido por gentes que acudía a cortar leña, hacer carbón y cazar, por lo que tuvo que impedir que nadie se apropiara de los herbajes, ni cortaran leña, ni hicieran carbón ni cazara dentro de los términos del castillo.
Entre los años 1318-1355, el obispo de Pamplona, Arnalt de Barbazán, seguía teniendo los cuartos de los diezmos del monte de Royta[37].
Durante el turbulento reinado de Pedro IV, estuvo en poder de los nobles de La Unión, quienes pusieron de alcaide a Pedro Fernández de Saviñán en 1348 (Guitart), quien tenía las fuerzas de Uncastillo, Monreal, Rueita y Castielfabit[38].
En 1363 se cita como Çer Castiello y pertenecía a la Corona y fue intercambiado en rehenes, por el acuerdo entre Carlos II de Navarra y Pedro IV de Aragón (Lacarra, Guitart). Ya en época del rey Fernando I (1412-1416), éste seguía teniendo derecho al herbaje del lugar[39].
A partir de esta fecha no hay ninguna referencia más hasta que Juan Bautista Labaña al pasar por Sos en 1610 indicó sobre el lugar: “Atalaya do Castello de Rueyta. Este castello he del Rey, despovoado, tem hum grande monte de pasto. A 1Lg.”[40] (es del Rey, está despoblado, tiene un gran monte de pastos y situado a una legua de distancia de Sos.) También menciona Labaña una iglesia grande al hablar de Ruyta. Si observamos los restos sobre el terreno vemos que se refería a una iglesia construida junto al castillo, de la que nos ocuparemos en otro momento.
Del castillo de Roita quedan documentados unos trabajos realizados en el patio y puertas con fecha de 26 de julio de 1641 y que fueron realizados por el fustero Ambrosio de Burdeos y por el albañil y cantero local Domingo Sarrías, reparaciones que costaron 760 sueldos jaqueses[41].
Al castillo se llega por la pared este del palacio gótico
Antonio Ubieto indica que existe 1 fuego censado en 1495, lo mismo que en 1646[42].
En junio de 1677 Roita, que era de la Corona Real, fue entregado a D. Pedro Coloma, marqués de Canales, por Pedro de Aragón, Capitán General del Reino de Aragón en las cortes de 1677 y 1678, con autoridad del rey Carlos II, tomando posesión el 20 de septiembre del mismo año. Posteriormente Roita pasó a sus sucesores hasta que en 1718 Dª María Teresa Coloma, marquesa de Canales, lo dejó al convento de San Juan y Santa Ana de monjas del Císter en Valladolid. En 1725 el convento lo vendió al doctor D. Pablo Lampérez por 22.500 reales de vellón, cuyos ejecutores lo cedieron a D. Josef Marco, de Sádaba, con el cargo de pagar anualmente 12 cahíces de trigo y 12 libras jaquesas para el maestro de gramática de Salvatierra de Aragón. De D. Josef Marco y Lampérez lo heredó su hija Dª Mónica Marco, esposa de D. Bruno Borjas, vecinos de Zaragoza, y de éstos su heredero hijo D. Alejandro Borjas y Marco, regidor de Zaragoza, quien a principios del siglo XIX posee en Roita una casa con dos vecinos (unas 14 personas en total) y un oratorio sito en un montecillo cercano a la casa dedicado a San Josef. (esta podría ser la ermita que hay bajo el castillo, a la que antes hemos hecho referencia)[43]
Miñano, en su diccionario indicó: “Coto redondo, del obispo de Pamplona. 1 vecino, 3 habitantes. A 1 legua de Sos. Produce granos, alubias, hortalizas y ganados”. No citó el castillo[44].
Pascual Madoz indica en su diccionario geográfico estadístico e histórico de España de 1848 que hay un vecino y tres almas, aunque con la voz del lugar erróneamente citada de Ruesta, como más arriba se ha mencionado, si bien los datos sí pueden atribuirse a Royta porque incluyó otra voz idéntica en el diccionario (Ruesta) ubicándolo correctamente[45].
No sabemos cuándo fue abandonado el lugar, pero sí que hubo una familia a principios del siglo XX que se dedicaba a las labores agropecuarias.
Actualmente está totalmente deshabitado, en estado de ruina progresiva y amenazando desplome.

Vista aérea del castillo de Roita (Fotografía de Iñaki Sagredo tomada desde un autogiro)
Torre norte, la mejor conservada, con el vano de
la puerta en alto.

                    Arte
El castillo de Roita se yergue sobre una gran roca caliza. No sabemos exactamente cuándo se construyó el castillo cuyas ruinas vemos actualmente, pero su datación es del siglo XIV aproximadamente.
El conjunto amurallado está formado por dos largos muros en ángulo de 90 grados en cuyos extremos se alzan sendas torres, unidas estas por otro muro perimetral de 45 metros en trayectoria semicircular, y adosado al muro sur y su torre un precioso palacio gótico, conformando la fortaleza una planta trapezoidal en cuyo espacio central estaría el patio de armas, hoy cubierto totalmente de vegetación y sillares derrumbados de muros y torres.
Los muros que dan al Norte y Este están construidos con mampostería, mientras que el resto son de sillería.
Matacanes de la torre norte















                       Lo primero que nos llama la atención al ver el castillo, a la vez que sorpresa y confusión, son los elementos góticos que podemos observar a simple vista en los matacanes voladizos y en algunos detalles de su palacio. La razón es que, pese a su larga historia, iniciada en el siglo X, pues aparecen algunos sillares típicos de la época califal, el castillo actual pertenece a una época de reconstrucción gótica, entre los siglos XIV y XV, aprovechando los restos de la vieja fortaleza para construir la actual.
También llama la atención la cuidadosa labra y escuadra de los grandes sillares, con un acabado perfecto, unidos con argamasa y bien colocados, lo que hace suponer que la construcción de la fortaleza estaba destinada a durar en el tiempo y que no sólamente su función iba a ser meramente defensiva.
Fachada y puerta de entrada al palacio gótico
El gran castillo palaciego edificado en la Baja Edad Media, responde a un grandioso proyecto que intentaría seguir la línea de este tipo de construcciones que iniciaron los monarcas navarros de la casa de Champagne, desde Teobaldo I(1234), adaptándolo a una complicada ubicación y rompiendo la austeridad imperante entonces en aquel reino y que tuvo su inevitable repercusión en todo Aragón: Ejea, Uncastillo, Biniés, Yequera.... levantados muchos de ellos, a veces de manera inexplicable, en momentos de gran alteración social o de enfrentamiento militares con los reinos vecinos.
Fachada de la torre suroeste que da a la
sala del palacio
En el lugar donde en un principio se ubicaría la primitiva fortificación, se amplió la torre hasta conformar un gran bloque prismático (la torre suroeste que ahora vemos), respetando la puerta este, que fue reconstruída, que daría paso a la zona cercada por la empalizada, y que ahora lo hacía a la elegante sala, una de las más hermosas que el gótico haya dejado en Aragón.
          Exteriormente, el castillo resulta ser bastante austero, con muros cerrados, sin apenas ventanas, y que contrasta desmesuradamente con la fachada norte de la sala, donde se abren dos bellas ventanas góticas geminadas con arco trilobulado y una amplia puerta de arco apuntado de 4 metros de altura por 4,5 de ancho que conservan en sus extremos los agujeros para atrancar el cierre de la puerta. Otra puerta más pequeña al lado de esta, en el tercer tramo de la sala en su parte más occidental, de 55 cm de anchura, comunicaba, tras bajar unas escaleras donde el pequeño pasillo adintelado de 2,38 m de recorrido se ensancha hasta los 84cm, con el aljibe, de 2,6x3,9 m metros y 3 de profundidad, con cubierta de bóveda de medio cañón que arranca de una simple imposta corrida, hoy derrumbado en parte, y cuyo interior está lleno de sillares caídos de los muros. En él puede verse el orificio en forma de U por donde vertía el agua, proveniente de algún tejado exterior.

    El palacio mide 19,8 metros de longitud por 5,9 de ancho y 5 de alto, aproximadamente, formando un rectángulo algo irregular. Su parte occidental es la sala propiamente dicha, con tres niveles de altura y cubriendo con armadura de vigas sobre tres fajones apuntados de 53 cm de anchura que apean sobre sencillas impostas corridas que se han perdido actualmente pero que se pueden reconstruir imaginariamente por los arranques que se conservan, conformando estos tres arcos cuatro tramos en la sala. El paso a la sala se realiza desde el patio de armas a través de la puerta con arco apuntado antes descrita que se abre al segundo de los tramos de la sala, y las ventanas geminadas lo hacen en los tramos uno y tres.
Interior de la zona este de la sala, donde en su primera
altura estaba la capilla
       

           La distribución en altura de los tres niveles de la sala se deduce por el hecho de que el vano de la ventana que abre al tramo uno de la sala tiene el suelo al mismo nivel que arranca el arco de ingreso a la sala desde el patio, mientras que el vano de la ventana que abre al tramo tres está en una altura intermedia. Existía pues una especie de escalera tras la puerta, parcialmente excavada en la roca, por donde se ascendía a una estancia alta de la sala y a otra altura intermedia hacia oriente, en cuyo extremo se ubicaría la capilla. Este extremo oriental de la sala, visto desde el interior, parece una continuación de la sala, pero visto desde el exterior, en la parte sur, podemos observar una costura de separación que nos indica que no fueron construidos en el mismo tiempo, observándose también esta doble obra en el primer tramo del paramento del lado norte. Aquí, en la parte que da a la plaza de armas se ve cómo la torre tiene una esquina que sobresale 16 cm porque el muro tiene mayor grosor que el de la sala, cosa que no ocurre en el lado sur por ser de cierre. La anchura del arco fajón de separación, con 94 cm, con ensanchamiento por vuelo en la parte superior, indica que se había previsto alzar un nuevo piso. Otro arco semejante a los de la sala, y perfectamente conservado, es el que hubiera servido para apoyar el suelo de la estancia superior, que nunca se llegó a construir.
Exterior de la parte este de la sala con las aspilleras
correspondientes a sendas alturas
Esta primera altura del lado oriental de la sala sería la capilla, con el suelo de madera apoyado en ménsulas. Un austero vano, adintelado y con gran derrame, similar a los de Navardún y Yéquera, nos indica la gran influencia que existía entre los constructores de la época en estas zonas limítrofes entre Navarra y Aragón. Bajo la capilla se encuentra otra estancia en la que se abre al este una gran aspillera de 1,20 cm de anchura. Una pared arruinada parece indicar una escalera de acceso en su lado norte.

Puerta de la torre suroeste con acceso a la sala
En la torre del suroeste, de unos 8.24 m. en su lado mayor este, y 8 m de lados menores-interiormente 5,04 m. y 4,83 m-, se pueden observar en la parte baja de la fachada este, que da a la gran sala, con toda nitidez, algunos sillares reutilizados en la construcción llevada a cabo en dos momentos distintos en la época del románico; la de Ramiro I, y quizá la de Ramiro II o Ramón Berenguer IV, cuando la fortaleza volvió a tener valor estratégico. Los muros sur y oeste están totalmente derruidos y la parte norte presenta una gran grieta vertical que recorre toda la pared de arriba a abajo amenazando desplome.
Los únicos vanos al exterior de esta torre son los de las puertas adinteladas de los muros norte y este, accesibles desde la primera planta, que daría paso al solero, y desde allí, mediante escalera, al camino de ronda apoyado sobre el cierre sur de la mencionada sala, que se encuentra a mayor altura y sobre el proyectado muro oeste, que se construiría muchos años más tarde sin alcanzar la altura prevista.
Restos de los matacanes de la torre suroeste
Interiormente se divide en cuatro plantas, más un semisótano y la terraza defensiva. Del semisótano no puede verse nada, pues está relleno de sillares caídos de los muros de la torre. La viguería del suelo de la primera planta se apoyaba en un arco apuntado medial que arrancaba de los muros norte y sur, a paramento, desde una imposta, y en cuatro ménsulas que sobresalían de los muros este y oeste que todavía pueden verse. Otros arcos iguales seguían en las plantas segunda y tercera con la diferencia de que en esta última el arco arranca de los muros este y oeste. La parte superior estaba coronada por cuatro buhardas amatacanadas en las esquinas, de cuádruple o quíntuple vuelo ascendente y base tripartita, acompañadas en los puntos medios de los muros por cuatro matacanes. Actualmente sólo quedan, mutiladas, las bases de las dos buhardas y del matacán del lado este, el único muro que se conserva entero. Las escaleras, como en todas las torres defensivas de las Cinco Villas, eran de madera.
La otra torre del castillo, la del norte, es de construcción más tardía y la mejor conservada, edificada con sillares más regulares y de mayores dimensiones. Es de planta cuadrada y se encuentra alineada con la de la capilla; resulta ser de menores dimensiones que la opuesta del suroeste y presenta algunas novedades constructivas, como las aspilleras con fuerte pendiente hacia el exterior, entre otras.
De una altura aproximada de 20 metros, su planta tiene las siguientes dimensiones: Lado norte: 7,14 m en el exterior y 3,80 m en el interior; lado este: 6,86 m en el exterior y 3,52 m en el interior; Lado sur: 7,09 m en el exterior y 3.75 m en el interior; lado oeste: 6,80 m en el exterior y 3,46 m en el interior. El grosor de las paredes alcanza los dos metros. Se divide interiormente en cuatro pisos: los dos primeros con una altura de 6 metros cada uno y los dos superiores, algo más bajos, de 4 m. Los muros este y oeste marcan retranqueos con imposta corrida que los amplia, en donde se apoyaban las tablas de los suelos de los pisos, en tanto que los otros dos cierres no tienen más que una pequeña retrotacción a mitad de la última planta. En vez de arcos centrales, como en la otra torre, lo que aquí se ve son mensulones para apoyo de unos rollizos a modo de viga. Las dos plantas superiores tienen aspilleras centradas de fuerte derrame con cierre adintelado escalonado.
En la planta central, y hacia el sur, se abre la puerta que daba acceso a la torre y, tal vez, al camino de ronda. La planta inferior recibe la luz de una aspillera ascendente que se abre al exterior al mismo vano rasgado que la correspondiente aspillera defensiva de la planta que tiene encima, lo que constituye un precioso exponente de la evolución de la técnica constructiva en el Aragón bajomedieval. La terraza imita en su concepción a la de la torre vieja, pero las buhardas tienen las ménsulas laterales, de cuádruple vuelo, no perpendiculares al paramento, sino casi paralelas con una suave divergencia[46].
Patio de armas del castillo cubierto de vegetación y fachada del palacete
          El muro que cierra el patio de armas por la parte este es en principio una prolongación del muro cabecero de la torre de la capilla, midiendo 3,5 m; después se pliega a algo más de 90 º y vuelve a plegarse a unos 83º, describiendo ,en total, una Z. Todo ello con gran caída por el desnivel existente entre la parte superior de la roca en la que se encuentra la torre de la capilla y la base del camino. Al alcanzar la torre norte se producía el fenómeno contrario. El muro proyectado debía tener una gran altura, al menos en sus extremos, como parece indicar la posición en la que se encuentra la puerta de acceso al camino de ronda del mismo desde la torre norte. La puerta que se abría a la vía pública conserva la jamba sur, a 6,75 m del muro norte de la torre de la capilla, siendo su forma semejante a la de la sala gótica.
Muro norte de cierre 
       

          El muro norte perimetral de 45 metros de longitud y con trayectoria semicircular que une las dos altas torres tiene un grosor de 1,5 m. La muralla posee varios vanos, a modo de aspilleras, separados poco más de un metro cada uno de ellos. Estos vanos, más grandes de lo normal en una fortificación del siglo XIV, nos hacen pensar que el muro es una reconstrucción más tardía para adaptar el castillo a fuerte de fusilería en las guerras contemporáneas.

El muro norte de la torre suroeste
presenta una gran grieta que amenaza derrumbe
Arranque de un arco fajón en el muro
norte de la sala
Arboles, arbustos y sillares caídos se apoderan del interior de la sala

Aljibe, donde puede verse el orificio por donde entraba el agua

Acceso de entrada al aljibe visto 
desde el interior de la sala
Dos preciosos ventanales góticos se ubican a ambos lados
de la puerta de entrada a la sala.




Zona este de la sala
Dispositivo para atrancar el madero
de cierre de la puerta de la sala
















En el lado opuesto de la puerta se encuentra el agujero para
introducir el madero de cierre






[1] Cortés Valenciano, Marcelino. Toponimia de Sos del Rey Católico. Cuadernos de Aragón, 58. Voz: Roita, pp.167-169.
[2] Berraondo, Mª Jesús. Suessetania, 12. “Dos castillos diferentes”, pp.151-157.
[3] Cortés Valenciano, Marcelino. Toponimia...op. cit, p.168.
[4] Bofarull, P. Colección de Documentos Inéditos del Archivo de la Corona de Aragón. T. 39, p. 154. Barcelona, 1871.
[5] Goñi Gaztambide. Historia de los Obispos de Pamplona. Siglos IV-XIII. T.1, p. 641. Pamplona, 1979.
[6] Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España.1845-1850.Voz: Ruesta.
[7] Abbad Ríos, F. Catálogo monumental de España. Zaragoza, p. 647. Madrid, 1957.
[8] Lacarra, J.Mª. “Expediciones musulmanas contra Sanco Garcés (905-925)”, en Revista Príncipe de Viana nº 1, p. 43.
[9] Guitart. C. Los castillos de Aragón. T. II, p. 20.
[10] Ubieto Arteta, Antonio. Historia de Aragón. Orígenes de Aragón, pp. 280-281.
[11] Arbeloa, F. Orígenes del Reino de Navarra. T. III, p. 535.
[12] Lapeña, A.I. “San Juan de la Peña y la posesión y explotación de salinas”, en Aragón en la Edad Media, nº 6, p. 170.
[13] Berraondo, Mª. J. “El olvidado castillo de Roita en Sos del Rey Católico”. Rev. Suessetania nº 4, pp.17-19.
[14] Berraondo, Mª Jesús. “Dos castillos diferentes”. Suessetania nº 12, pp.151-156.
[15] Martín Duque, A. Documentación medieval de Leire (siglos IX al XII), doc. nº 7.
[16] Berraondo, Mª.J. “Dos castillos diferentes”. Suessetania, 12, pp. 151-157.
[17] Ibarra, E. Documentos correspondientes al reinado de Ramiro I, p. 16, doc. nº 7.
[18] Ibidem, p. 22.
[19] Ubieto Arteta, A. Cartulario de San Juan de la Peña. T. II, p. 52.
[20] Bofarull, P. Colección de Documentos Inéditos del Archivo de la Corona de Aragón (CODOIN) T. 39, pp. 154 y 265.
[21] Cortés Valenciano, Marcelino. “Una peculiar serie toponímica sobre castellum, castrum en el nordeste peninsular”. Voz “Cercastiel”, pp.17-54..Revista de filología Alazet nº26.Instituto de Estudios Altoaragoneses. Huesca, 2014
[22] Berraondo, Mª.J. Suessetania nº 12, pp. 152-157.
[23] Goñi Gaztambide, J. Historia de los obispos de Pamplona, pp. 381-381.
[24] Ubieto Arteta, Antonio. Cartulario de Santa Cruz de la Serós, doc. nº 27. Zaragoza, 1966.
[25] A.H.N. San Juan de la Peña, carp. 714-721.
[26] Zurita, J. Anales de Aragón. L. III, cap. XCII.
[27] Sinués Ruiz, A. El Patrimonio Real en Aragón durante la Edad Media. Ref. 378.Zaragoza, 1986
[28] Canellas, A. Fuentes de Zurita: “Documentos de la Alacena del Cronista, relativos a los años 1302-1478”. C.H.J.Z., 23-24 (1970-1971) Ref. 370,p.310.
[29] González Hurtebise, E. Datos de tesorería de la Casa Real de Aragón. Ref. 1027. Barcelona, 1911.
[30] A.H.N.Clero, carp.727, nº 4.Trasunto del siglo XIV
[31] Establés Elduque, J.Mª. “El castillo de Rueyta” Rev. Castillos de Aragón, nº 16. A.R.C.A., pp.8-18.Junio, 2008.
[32] Ibidem, p.10.
[33] Britz Martínez, citado por Mateo Suman en: Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Voz:”Rueyta” p.129.
[34] A.H.N., Clero. Catedral de Pamplona. Carp. 1425. Nº 1.
[35] Establés Elduque, J.Mª. “El castillo de Rueyta”, op, cit., p. 9.
[36] Vendrell Gallostra, F. Rentas Reales de Aragón en la época de Fernando II. 1412-1416, p. 178
[37] Goñi Gaztambide. Historia de los obispos de Pamplona. T. 2.
[38] Zurita, J. Anales de Aragón, Lib. VIII. 15-24.
[39] Vendrell Gallostra. Rentas Reales...op. cit., p. 178.
[40] Labaña, J. B. Itinerario del Reino de Aragón, p. 23. Zaragoza, 1985.
[41] San Vivente, A. “Acotaciones documentales para la historia del Arte en Cinco Villas durante el siglo XVI”. Estudios en homenaje al Dr. Eugenio Frutos Cortés.
[42] Ubieto Arteta, A. Los pueblos y los despoblados. T. III, p. 1084.
[43] Suman, Mateo. Apuntes para el diccionario geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms. 9-5723 de la R.A.H. de 1802, pp. 129-130. Edición de Josefina Salvo y Álvaro Capalvo. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza, 2015.
[44] Miñano, S. Diccionario Geográfico y Estadístico de España y Portugal. T. VII. Voz “Rueita”
[45] Madoz, P. Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España. Voz: “Ruesta”.
[46] Establés Elduque, J. Mª. “El castillo de Rueyta” Rev. Castillos de Aragón nº 16, pp. 8-18.













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