domingo, 17 de septiembre de 2017

EL ÁREA DE AUTOCARAVANAS EN SOS

           

                  Viajar con “la casa a cuestas” es una práctica de turismo muy propia, entre otras nacionalidades, de franceses, alemanes u holandeses, pero que desde hace años empieza a hacerse un hueco importante en la forma de recorrer España también entre los españoles. Este auge en la forma de viajar ha hecho que aumentaran en el territorio español los parkings de autocaravanas, construidos para poder pernoctar y dotados de las más variadas comodidades y servicios para hacer más agradable la estancia del viajero.
            
                      En el año 2012 el Ayuntamiento de Sos del Rey Católico inauguró en la zona deportiva de Sos un área de servicio de autocaravanas, con capacidad para 11 plazas y dotada de vaciado de aguas residuales, vaciado de inodoro químico, agua potable y cubo de basura; el parking tiene el terreno asfaltado y una zona ajardinada, gasolinera a trescientos metros y la más amplia oferta de bares, restaurantes y tiendas dentro del casco urbano de Sos. Además el turista tiene la posibilidad de poder disfrutar de las instalaciones de la piscina municipal, gimnasio e instalaciones deportivas que tiene justo enfrente del parking, todo ello a unos precios muy económicos.
                Para acceder al parking, llegando a Sos del Rey Católico por la A-127 desde Zaragoza, hay que desviarse a la derecha antes de entrar en el pueblo, siguiendo las indicaciones del Hotel Kristel. Dejamos el hotel a nuestra izquierda y continuamos hasta las instalaciones deportivas del municipio, donde frente al campo de fútbol y el polideportivo, y junto a las piscinas municipales, encontraremos el área AC, catalogado como tipo de área “en ruta” Coordenadas GPS: N 42º 29´28”/ W 01º 12´50”

                Además de ver “uno de los pueblos más bonitos de España” y de disfrutar de los servicios  antes descritos, el turista también puede disfrutar de  diversas y diferentes actividades y excursiones a pie o en coche por el entorno y proximidades de Sos.

EL PARQUE EÓLICO DE SOS

             
Aerogenerador. Sos del Rey Católico

                          Desde finales del siglo XX la demanda eléctrica en España creció a un ritmo vertiginoso. La oferta energética empleada entonces, basada en los combustibles fósiles y en los productos petrolíferos, apenas suponía el 30% del autoabastecimiento necesario, por lo que la preciada energía había que importarla en un alto grado porcentual con el consiguiente encarecimiento del suministro eléctrico para los españoles.
                 Había que buscar soluciones y sólo las energías renovables podían reducir el elevado grado de dependencia energética que sufría el país. Energía solar y eólica reducirían considerablemente esta dependencia, por lo que la Unión Europea promocionó estas energías, de tal modo que en pocos años sólo la energía eólica pasó a convertirse en la tecnología con mayor contribución a la demanda, pasando del 7,7% que suponía en el año 2005 al 22,1% en el 2013, por encima incluso de la energía nuclear.
                       Los motivos para impulsar e incentivar la energía eólica vienen dados por una serie de ventajas: es una fuente de energía segura y renovable; no genera residuos ni contamina la atmósfera. Genera puestos de trabajo y proporcionas beneficios económicos a los municipios en los que se instalan los generadores eólicos, además de ser compatible con otros usos del suelo.
                  Pero también tiene sus inconvenientes y sus detractores. Grupos ecologistas denuncian el impacto visual que genera en el paisaje, la modificación y deterioro del suelo en el que se asientan los generadores, con el consiguiente daño medioambiental en la vegetación y en la fauna terrestre, el impacto sonoro que producen en la atmósfera el ruido de las aspas de los mismos y el peligro que suponen para el vuelo de las aves, sobre todo las migratorias, además de otros desperfectos y alteraciones en caminos forestales, vías y pasos de ganados.


           En la última década del siglo XX los autogeneradores eólicos empezaron a colocarse en Aragón. Zonas como las Cinco Villas comenzaron a cambiar su paisaje con la instalación de esta nueva energía en su territorio.
                  En el término municipal de Sos del Rey Católico la empresa Acciona Energía ha instalado desde principios del siglo un total de 22 turbinas aerogeneradoras tipo Gamesa G-52, de 55 metros de altura cada una con una potencia unitaria de 850 Kw, siendo la potencia nominal total de 18.700 Kw.
                     La empresa instaladora tuvo que solucionar diversos y comprometidos problemas antes de conseguir los permisos para la instalación del parque eólico: problemas sobre impacto medioambiental, de dominios territoriales, de lindes de terrenos y otros de índole personal con los propietarios de los terrenos donde iban a ser ubicados los aerogeneradores
                 Este parque eólico se ubica a 2.500m al suroeste de Sos, donde los generadores se encuentran alineados en dirección este-oeste sobre las cimas de los montes de la sierra de Peña, con una altitud media de 960m sobre el nivel del mar, lejos de superficies agrícolas y en terrenos de matorral mixto formado por coscojas, tomillares, aliagas, gayubas, enebros, bojes y rodales de bosquetes donde aparecen la encina y el roble, transformando el paisaje de los montes que rodean Sos, siendo visibles estos gigantescos aerogeneradores desde cualquier punto de la villa.
               
Buitre leonado muerto, abatido por las aspas de un aerogenerador.
(foto:Tribuna de Ávila)
                        El peligro del parque eólico de Sos radica en que la zona es sobrevolada por buitres leonados, pues esta rapaz posee territorios de cría cercanos, alimoches, águilas reales, milanos reales y algún que otro quebrantahuesos, además de estar ubicado el parque eólico en un “pasillo” que utilizan las aves migratorias que atraviesan los valles orientales de Navarra y el valle de Onsella, como la grulla común, el abejero europeo, el milano negro, aguiluchos, gavilanes y varias especies de murciélagos. De hecho, entre el 2003 y 2013 se han encontrado un total de 13 bajas de buitre leonado (B.O.A.), especie protegida, sin contar el número de mortandad de otras especies no protegidas o de menor envergadura.





BIBLIOGRAFÍA

-AIXALÁ, JOSÉ; SINAUY, JAIME; SIMÓN, BLANCA. “El desarrollo de la energía eólica en Aragón: Estimación de los afectos en la producción y el empleo regionales” Departamento de Estructuras e Historia Económica y Economía Pública. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de Zaragoza. Economía Aragonesa, nº 22, pp. 55-80. Diciembre, 2003.
-B.O.A. Nº 244. 21/12/2016. Resolución de 11 de noviembre de 2016 del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, pp. 32732-32738.
En la web:
-Wikipedia. La energía eléctrica en España.
-www.thewindpower.net. Parque eólico Sos del Rey Católico

                

domingo, 10 de septiembre de 2017

RUTA DE LOS CASTILLOS: CASTILLO DE OBANO

El castillo de Obano se encuentra  dos kilometros de Luna, ubicado en pleno llano junto al río Arba de Biel, siendo su misión la de vigilar e interceptar el paso entre Ejea de los Caballeros y Huesca y consolidar el avance cristiano por el valle y preparar la conquista de Luna y Ejea.
Castillo de Obano (foto: web Ayuntamiento de Luna)
Para llegar al lugar hay que ir hasta la localidad cincovillesa de Luna y desde aquí tomar la salida del municipio por la carretera A-1103 en dirección a El Frago. Nos desviamos por la derecha en el primer desvío tras salir de Luna, y tras recorrer dos  kilómetros encontraremos las ruinas del castillo de Obano.
 Este fue levantado en tiempos de Sancho Ramírez (siglo XI) posiblemente sobre una fortificación islámica anterior. La primera mención documentada que tenemos del lugar data del año 1086, donde en un documento sobre la herencia entre el infante Pedro I y su hermano Fernando, firmado en Sos, se hace referencia al lugar de Obano con sus términos[1]. En 1093 su iglesia románica, dedicada a Santo Tomás, pertenecía al monasterio de San Juan de la Peña, pasando con posterioridad, hacia 1167, a manos de la Orden del Temple por donación del rey Alfonso II de Aragón. Posteriormente perteneció a María de Luna, esposa de Martín I “El Humano”.  
A sus pies se levantó el poblado de Obano, que por medio de cartas de población concedidas por Sancho Ramírez llegó a ser de relativa importancia, pues sus habitantes llegaron a disponer de su propio molino y el lugar contaba con un pequeño recinto amurallado del que actualmente no queda nada.
La fortaleza fue edificada en piedra sillar de grandes bloques, dando a sus muros hasta casi dos metros de espesor; su planta es rectangular, de siete por nueve metros de planta y quince de altura, levantada sobre una base rocosa de poca altura. La alta torre del castillo tenía cinco plantas, siendo la primera destinada a almacén. Los mechinales que se observan en la zona alta nos indican que contaba con un cadalso corrido en esta parte de la torre, al que se accedía por dos vanos de dintel plano ubicados en la cara norte y sur de la quinta planta de la torre, a los que se accedía por el interior a través de una escalera de caracol, al igual que al resto de pisos. Tenía una techumbre, desaparecida actualmente.
A la torre se accedía por una puerta adintelada al exterior, situada en la parte sur de la segunda planta, de aspecto rectangular por fuera y semicircular por dentro. Los mechinales que se observan exteriormente y que la rodean indican que poseía un balconcillo de madera para su mejor defensa. Otros vanos en diferentes lados y alturas  completan las aberturas de esta fortificación.
A finales del siglo XIV, cuando la ruta que controlaba el castillo cayó ya en desuso, Obano quedó totalmente despoblado y el castillo abandonado.
Actualmente el castillo de Obano está considerado como Bien de Interés Cultural según lo dispuesto en la Ley 3/1999, de marzo del Patrimonio Cultural Aragonés.


[1] Colección diplomática de Pedro I de Aragón y Navarra doc.2. Antonio Ubieto Arteta, 1951.Escuela de Estudios Medievales. CSIC.




  
BIBLIOGRAFÍA

-CORTÉS VALENCIANO, MARCELINO. Toponimia de las Cinco Villas de Aragón. I.F.C., C.E.C.V. Zaragoza, 2010.
-GUITART APARICIO, CRISTÓBAL. Castillos de Aragón, I. Librería General. Zaragoza, 1976.
En la web:
-www.luna.es. Ayuntamiento de Luna. Castillo de Obano
-www.patrimonioculturaldearagon.es. Castillo de Obano.
-www.romanicoaragones.com. A, García Omedes. Obano
-www.turismodezaragoza.es. Castillo de Obano




domingo, 3 de septiembre de 2017

LA BAJA NOBLEZA EN SOS EN LA EDAD MEDIA. LOS INFANZONES

Infanzones acompañando al rey de Aragón. Miniatura del siglo XIV.

                      La primera nobleza titulada en Aragón aparece ya en la formación del antiguo Reino. Estaba formada por los barones, condes y ricoshombres (por sus inmensas fortunas y territorios), que se consideraban iguales al propio rey y eran, mayoritariamente, descendientes de los primeros reconquistadores que poblaron las montañas pirenaicas y defendieron sus extensos territorios ante la amenaza del avance musulmán.
En la Alta Edad Media la monarquía otorgaba concesiones de franquicias a las localidades recién conquistadas que se ubicaban en la frontera con el Islam, concediendo estatuto jurídico de franqueza, ingenuidad y libertad a quienes se instalaban en ellas a cambio de participar en las empresas armadas en las que fueran requeridos.
Tras la muerte de Alfonso I, Aragón y Navarra se separaron definitivamente, convirtiéndose Sos en una de las principales fronteras del Reino, lo que motivó que se extendiese la foralidad militar, permitiendo el ennoblecimiento de amplios grupos de habitantes como premio a sus intervenciones en determinados enfrentamientos bélicos.
La adquisición de derechos por parte de la comarca de Sos hizo que sus vecinos adquiriesen un rango privilegiado, el de nobles, al poder presentarse como francos, es decir, como personas que no estaban sujetas por vínculos de dependencia que implicaran cargas personales o económicas, puesto que uno de los rasgos característicos de la nobleza era precisamente la exención del pago de impuestos. Estos beneficios dieron origen al nacimiento de un nuevo y privilegiado estatus en la población: la pequeña nobleza, formada por los infanzones, llamados así por considerarlos como hijos del rey, es decir, como infantes, y que no obedecían a grandes señores, sino que dependían directamente del monarca. La palabra hidalgo, que aparece en algunos documentos se usaba sinónimamente para nombrar a los infanzones.

          Junto con el clero, los infanzones constituían uno de los grupos privilegiados de la sociedad del Antiguo Régimen. Poseían un gran poder, tanto económico como político; eran propietarios de grandes haciendas, recibiendo grandes rentas de los campesinos; detentaban importantes cargos políticos y militares; ostentaban privilegios que heredaban por nacimiento y estaban exentos del pago de impuestos.
Pero los infanzones eran un grupo poblacional heterogéneo en el que no todos sus miembros gozaban de la misma importancia y posición económica, por lo cual estas diferencias internas en el seno de los infanzones propiciaron que hubiese diversos términos para referirse a los mismos; la inmensa mayoría recibieron el apelativo de escuderos, el escalafón más bajo dentro de la nobleza del reino, y la denominación de caballero, según Mª Isabel Falcón, serviría para distinguir al infanzón dedicado íntegramente a la milicia, con hacienda suficiente como para adquirir armas y caballos. Tan sólo dos personas que habitaron en Sos en el Cuatrocientos merecieron esta distinción: Mosén Hugo de Urriés y Martín de Ampiedes (ver dos caballeros en Sos en los siglos XV y XVI), quienes gozaron de numerosas prebendas, exenciones y privilegios.
La presencia de infanzones en Sos y en todas las Cinco Villas fue mucho más importante que en el resto del reino, formando una pequeña aristocracia ciudadana cuyo poder llegó a ser extraordinario al llegar a tener en sus manos el gobierno de la ciudad a través de los Concejos, hecho que se constata por la progresiva participación en las Cortes de Aragón de los procuradores de Ejea, Tauste, Sádaba, Uncastillo y Sos en el brazo de los caballeros y escuderos, y no en el de las universidades reales, justificándose este hecho por la concesión a las villas de privilegios de infanzonía universal por parte de la Corona.[1]
Los infanzones no constituyeron una clase social cerrada como en el caso de la nobleza de primer orden. La infanzonía, además de por concesión real, podía ser alcanzada por transmisión hereditaria, existiendo pues, en Aragón, tres tipos de infanzones:
a) los ermunios o ermunes de nacimiento, por establecerse en territorios yermos (ereme) del rey.
b) los de «carta», por concesión real mediante documento o «carta» de carácter individual.
c) los «de población», hombres libres elevados a la infanzonía de forma colectiva, generalmente con ocasión de la promulgación de algún fuero local por parte del rey.
La obligación principal que tenían los infanzones era la de acudir en ayuda del rey cuando éste los necesitara en alguna guerra, pero sólo los tres primeros días; si permanecían en la guerra pasado este tiempo, su ayuda pasaba a ser remunerada por la Monarquía.
Aunque la principal prerrogativa de la que gozaron los infanzones era la exención fiscal, es decir, no satisfacer ni pechas al rey, que era el señor de la villa, ni el monedaje, impuesto que se recaudaba cada siete años, no estaban exentos de contribuir con los pecheros en las exacciones reales en caso de guerra o cuando éstas tuviesen como finalidad la construcción o reparación de las murallas o puertas de la villa; también, si realizaban otras actividades ajenas a su condición, como trabajar en oficios artesanos, ser mercaderes, cambistas o realizaran cualquier otro oficio, sí estaban obligados, como un vecino más, a pagar esta tributación. Podían comprar heredades y posesiones libremente, pasando a ser consideradas desde el momento de la transacción como francas de cualquier carga fiscal debida al rey, lo que provocó que en el siglo XV la iglesia de San Esteban de Sos, para asegurarse el cobro de las cantidades estipuladas en algunos de los contratos agrarios en los que cedía tierras en censo enfitéutico, dispusiera que el beneficiario tuviera la potestad de vender los campos “a persona vezina de la dita villa con que no sia moro, jodio, leproso ni infanzon”[2].
Castillo de Sos
Pese a las exenciones fiscales, los infanzones de Sos, al igual que hicieran los clérigos, se vieron obligados a participar paulatinamente en diversas prestaciones financieras que demandaba la Corona para el devenir de la villa. Así en las Cortes de Maella de 1404 establecieron durante tres años el impuesto del fogaje con el fin de sanear la Hacienda General del Reino; aunque se decidió que la cotización fuese universal y que incluyese a todos los estamentos, las casas de los caballeros e infanzones fueron gravadas con la cantidad de siete sueldos anuales, mientras que a los fuegos de los brazos de la Iglesia, la nobleza y las universidades se les aplicó una tasa de doce sueldos; posiblemente la causa de aplicarles un tipo impositivo menor fueron las dificultades económicas de gran parte de los hidalgos de la villa, que no disfrutaban de un patrimonio considerable[3].
También en 1429, en las Cortes de Valderrobres, con el fin de sufragar la guerra contra Castilla, se ordenó aplicar el impuesto del fogaje a razón de doce sueldos jaqueses por fuego, así como sisas por tres años; en Sos el 10 de enero de 1430 los tres estamentos, el eclesiástico, el de los infanzones y el de la universidad, nombraron diputados para recaudar las cantidades indicadas por el concepto de las sisas[4], por lo que se aprecia cómo los nobles locales participaron progresivamente en el esfuerzo exigido por la Corona.[5]
Asimismo, y aunque estaban exentos de las cargas municipales, también se implicaron, por el bien de la villa y de todos los vecinos, en la ayuda a la hacienda local. Así, el 18 de junio de 1456, el Justicia y un jurado acudieron a las casas del caballero mosén Hugo de Urriés para comunicarle que en su ausencia se habían impuesto sisas en la carne durante dos meses para construir una tahona con lo recaudado, rogándole que concurriese, pues los clerigos e infançones de la dita villa y participavan, aunque las autoridades municipales eran conscientes de que de aquellas los cavalleros del dito regno eran exemptos; finalmente mosén Hugo decidió participar, aunque protestara ante ellos que aquesto empero alguno no le pudiesse seyer deduzido en consequencia, pues lo fazia de su grado[6]
Esta gradual integración fiscal tuvo su culminación coincidiendo con la instauración de la insaculación, en el año 1482, como método de elección de los cargos públicos; el uno de noviembre el gobernador de Aragón nombró a cinco vecinos para que le ayudasen a confeccionar la matrícula de los oficios[7]; dos días más tarde, en una asamblea municipal, los infanzones admitieron hacer frente a los pagos y obligaciones del concejo como el resto de los habitantes, renunciando a sus execciones y aceptando conformar un mismo cuerpo político y fiscal junto a la universidad. De esta forma se produjo la unificación del estamento nobiliario y el de la universidad, en la que fue esencial el hecho que los infanzones se despojasen de sus privilegios fiscales.[8]
Además de la exención fiscal, los infanzones también gozaron de otras indulgencias, como no podérseles aplicar penas corporales por los oficiales reales en los procesamientos judiciales a los que fuesen sometidos; además en todas las causas que tuviere contra los infanzones debía ser el Justicia de Aragón quien actuase como juez, para de esta manera asegurar unas garantías procesales mínimas. Además, un noble sólo podía ir a prisión por un delito penal, y en este caso debería estar separado del resto de reclusos y no podía ser condenado a la horca.
Caballero templario
También, los Fueros decretaron que la casa del infanzón fuera inviolable, en la que no pudiesen entrar los representantes de la justicia real ni sacar a nadie de las mismas salvo que se tratase de un ladrón manifiesto o de un traidor. Igualmente, eran inviolables sus posesiones y bienes. Estaban exentos de lezdas y podían usar los caminos reales. A todo ello se sumó el derecho a poder poseer armas, amparados bajo la necesidad de contribuir a la defensa del reino, no pudiendo ser éstas embargadas por deudas, salvo en el caso de treudos o de censales. Y como portar armas es peligroso, siempre había alguien que hacía mal uso de ellas en tiempos de paz, como el escudero Rodrigo de Aso, a quien en 1441 los magistrados de Sos le concedieron permiso para llevarlas en la villa, hecho que fue aprovechado por éste para lanzarle un venablo al notario Sancho Pérez de Castiliscar tras tener un altercado con él[9].
Respecto a la posesión de armas, los testamentos e inventarios de los infanzones nos demuestran que fue un grupo bastante proclive a la tenencia de armamento; así el testamento del escudero Gil de Olleta indica que poseía unas armaduras[10]; en la partición de bienes del infanzón Martín de Undués se registran dos paveses, unas corazas y una espada[11]; un inventario del escudero Eximeno Ballés reseña la posesión de unas corazas, tres bacinetes, una espada, una ballesta de fusta, tres lanzas, un cuchillo largo, dos puñales, un cuchillo gastonil, y dos frenos y dos espuelas de caballo[12].
En muchas ocasiones todas estas prerrogativas que hemos visto causaron conflictos con los magistrados municipales que simbolizaban la autoridad pública, ante los que los infanzones opusieron sus privilegios para defender sus intereses privados llegando con relativa frecuencia a la desobediencia, resistencia e insumisión hacia los poderes públicos, lo que originó repetidamente una serie de conflictos y estallidos de violencia entre los infanzones y los oficiales locales e incluso con los propios vecinos de la villa.
La inmunidad de sus residencias fue uno de los factores que más contribuyó al carácter insurgente de los infanzones; ni siquiera aquellos que detentaron oficios regios renunciaron a los privilegios que convertían sus casas en lugares que escapaban a la jurisdicción ordinaria; así, cuando en el año 1441 el Justicia de Sos y el lugarteniente de sobrejuntero de la Junta de Ejea decretaron un embargo por valor de 300 sueldos de los bienes del escudero Miguel de Ruesta, alcaide del castillo, y entraron en la fortaleza para hacer un inventario de sus bienes, el noble reaccionó mandando confeccionar una carta de protesta al haberse violado su vivienda[13].
En definitiva, todo un amplio conjunto de exenciones, dispensas, prerrogativas y leyes que dejaban patente la superioridad de un grupo social estamental lleno de privilegios(ver más) y cuyos miembros cuidaron mucho de perpetuar la estirpe social mediante la costumbre de unir en matrimonio a sus hijos con descendientes de otras familias infanzonas.




[1] Sesma Muñoz, J.A. La población del reino de Aragón según el fogaje de 1405, en Sesma Muñoz, J.A. y C. Laliena Corbera (coordinadores), La población de Aragón en la Edad Media (siglos XIII-XV)
[2] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 420, ff. 39-39v., en Juan Abellá Samitier, Sos en la Baja Edad Media, p. 125.
[3] Sesma Muñoz, J.A. La población del reino...cit.p.117.
[4] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 359, ff. 9v-10.
[5] Abellá Samitier, J. Sos en la Baja Edad Media, p. 126.
[6] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 390, f. 23.
[7] A.H.P.S., Bartolomé Español, p. 477, f. 31v.
[8] Abellá Samitier, J. Sos...cit. p. 127.
[9] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 370, f. 16.
[10] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 380, ff. 5-6.
[11] A.H.P.S., Juan Zareco, p. 400, ff. 61-61v.
[12] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 379, ff. 21v-24.
[13] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 370, f. 62v.




BIBLIOGRAFÍA

-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2012.
-FALCÓN PÉREZ, Mª ISABEL. Los infanzones de Aragón en la Edad Media. Premio Dragón de Aragón, 2004. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2008.
-FERNÁNDEZ-XESTA y VÁZQUEZ, ERNESTO. El infanzón aragonés: realidad, estructura y evolución. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2014
-SESMA MUÑOZ J.A. y LALIENA CORBERA, C.(Coord) La población de Aragón en la Edad Media (siglos XIII-XV) Estudios de demografía histórica. Ed. Leyere. Zaragoza, 2004.

En la web:
-www.armoria.info. linajes infanzones de aragon, monográfico
-www.enciclopedia-aragonesa.com. Infanzones.
-www.heraldicabc.com. los ricoshombres e infanzones

domingo, 27 de agosto de 2017

VENTANAS, BALCONES, PUERTAS Y RINCONES FLORIDOS EN SOS



                               
                       Geranios, gitanillas, azaleas, begoñas, petunias, caléndulas, alegrías, surfinias, hortensias, buganvillas, enredaderas, hiedras, parras y otras flores y plantas trepadoras y ornamentales adornan en el verano las ventanas, balcones y fachadas de las casas de la villa de Sos, realzando la belleza de las construcciones y consiguiendo con su hermosura multicolor que el paseo del visitante resulte más atractivo y agradable.





















sábado, 19 de agosto de 2017

RUTA DE LOS CASTILLOS: CASTILLO DE SIBIRANA


Castillo de Sibirana


Ubicación
El castillo de Sibirana se encuentra a 12 Km de Uncastillo y a 10 de Luesia. Para acceder al lugar, en coche. desde Sos del Rey Católico, hay que ir hasta la localidad de Uncastillo y desde aquí hasta Luesia.
Desvío hacia Sibirana, pozo Pígalo y corral del Calvo.
          Poco antes de entrar en el municipio de Luesia  hay que tomar una amplia pista forestal a la izquierda que, en buen estado de conservación,se adentra en la  Sierra de Santo Domingo bordeando el río Arba de Luesia. En el mismo desvío observamos unos carteles orientativos en los que no existen referencia alguna  al castillo de Sibirana, sino al pozo Pigalo y al Corral del Calvo. Continuamos por esta pista 6,7 Km hasta llegar a una bifurcación en “Y”: la pista de la derecha nos conduce, tras cruzar el río, al pozo Pigalo, tal y como nos lo indica una pequeña señal en madera, y la de la izquierda es la que en 2,6 Km nos llevará hasta las ruinas del castillo. Al inicio de este recorrido hay un cartel de prohibido el paso y una cadena que nos impide continuar con el coche, por lo que tendremos que dejar el vehículo en esta bifurcación y continuar el recorrido a pie, a no ser que tengamos un poco de suerte y encontremos el paso abierto, lo que nos ahorraría el tener que andar dicho tramo, pues la pista que nos lleva hasta el castillo, aunque está en peores condiciones que la que hemos traído hasta aquí, es perfectamente transitable.
Bajo el castillo se encuentran los restos del poblado medieval
La pista nos conduce hasta las mismas faldas del castillo en medio de un estrecho valle, edificado sobre una inaccesible roca, interceptando el camino de Luesia al valle de Onsella y, por lo tanto a Sos y Sangüesa, siendo punto clave como apoyo al castillo de Luesia.
A los pies del castillo se encuentran los restos de un antiguo poblado medieval (s. XII) que nació al amparo del castillo, y tras él se conservan las ruinas de una pequeña iglesia románica, Santa Quiteria, que conserva una inscripción epigráfica fechada en 1110.
 También se puede acceder al castillo desde Petilla de Aragón a través del Sendero de Gran Recorrido (GR) que desde Sos del Rey Católico llega al castillo de Roita, a través de un camino interesantísimo desde los puntos de vista histórico, natural o paisajístico.

Historia
Sibirana es el nombre con el que se conoce a un despoblado del que tan sólo quedan restos del castillo y una iglesia. El castillo de Sibirana es una fortaleza disputada por navarros y musulmanes; fue conquistado por el rey árabe Banu Quasi en el año 891 y recuperado definitivamente por Sancho Garcés I en el año 921 en su campaña de los Arbas, posiblemente al mismo tiempo que el castillo de Luesia, y de este modo afianzar la extremadura de los Arbas. Posiblemente se tratara de una torre islámica anterior sobre la cual se construyó el actual castillo. Un documento del año 938 hace mención al lugar de Sibrana, por el que el rey García Sánchez I confirma la donación hecha al monasterio de Leire por parte del obispo Galindo de su parte de los diezmos de Sibrana, entre otros lugares[1]
 
El castillo de Sibirana se alza sobre un farallón rocoso
         No obstante, la existencia de este castillo y su iglesia no se probaría documentalmente hasta los años 1063 y 1086, fechas en las que aparecen documentos relacionados con la reina   Felicia de Roucy, según Agustín Ubieto. La primera cita, la que data de 1063, es recogida en la obra de Dámaso Sangorrín en el “Libro de la Cadena del Concejo de Jaca” en Colección de documentos para el estudio de la Historia de Aragón, XII (Zaragoza, 1931), y documenta las variantes toponímicas de Sibrana y Siurana. La segunda cita de 1086 se menciona que el sitio de Sibirana (el castillo, iglesia y el pueblo que se extendía a sus pies) formaron parte de la dote que se entregó a Felicia de Roucy cuando se celebró su boda con el rey Sancho Ramírez de Aragón[
2
La finalidad del castillo era controlar el paso que desde Uncastillo y Luesia permite acceder al valle del rïo Onsella, y a través de este río llegar a Sos y Sangüesa.
Frente al castillo se encuentran las ruinas de la iglesia románica
de Santa Quiteria
A principios del s. XII, concretamente en el contexto de la carta puebla que Alfonso I el Batallador extiende a la villa de Luesia, encontramos una mención a las tierras de Sibirana ("...y desde allí baxando a donde pasa el río Sibrana..."), las cuales, durante la segunda mitad del siglo XII, constan bajo la tenencia del noble Pedro López de Luna(1159-1162). Y es muy probable que a partir de la mencionada carta puebla del Batallador se desarrollara al amparo del castillo un pequeño hábitat rural formado principalmente por las familias de las guarniciones y los campesinos que trabajaban las difíciles tierras de labor de las proximidades.
          No es posible precisar cuándo se despobló el lugar, aunque parece ser que fue entre los siglos XVII y XVIII. Las causas del abandono pueden ser por la propia ubicación, en una zona muy agreste, alejada de las poblaciones, con un clima duro y ser zona de difícil roturación para el cultivo de las tierras. Las epidemias de finales de la Edad Media y principio de la Edad Moderna mermarían su población hasta que el lugar se quedó prácticamente desierto. Sin embargo cabe constatar que el lugar continuaba habitado a finales del s. XVIII, a tenor de los registros que constan en el libro de bautismos de Petilla de Aragón.
Hoy sólo quedan restos de diez o doce viviendas a los pies del castillo en su cara sur, debajo de la peña.
El castillo está bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la ley 16/ 1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Arquitectura
El castillo está situado en una cumbre ovalada de poca altura, pero muy espectacular, sobre un espolón roquero que lo hace prácticamente inexpugnable. Está formado por dos torres, separadas por apenas 11 metros de distancia, de planta rectangular unidas por muros paralelos,  levantados sobre el mismo borde vertical de la peña, muy escarpada, haciendo imposible el acceso por el lado sur. Actualmente todavía pueden verse restos de lienzos murales del muro de unión de las torres.
Ambas torres están unidas por un muro
 La construcción de este monumental castillo es todo un prodigio de la ingeniería militar de la época, pues  la irregular y pétrea superficie del suelo dificultaba enormemente la cimentación del edificio, sin embargo encontraron soluciones para su majestuoso alzado. Además su acceso sólamente era posible mediante escaleras provisionales de madera que se adaptaban al vertical farallón rocoso, siendo aún apreciables los mechinales horadados en la roca para tal fin.
Mechinales horadados en la roca para colocar la escalera de
acceso.
Aunque las dos torres son de la misma época y similar aparejo de sillería no son iguales, ya que la situada más al oeste es rectangular y está en una posición más elevada. Mide 6,5 metros por 4 y 15 de altura desde las primeras hileras de sillares. Las torres contaban con almacén o sótano, tres plantas con pisos de madera y, abiertos en sus muros, diferentes tipos de vanos y puertas cubiertas con bóvedas de cañón. El primer piso de la torre occidental presenta una planta muy irregular por hallarse sobre la quebrada pendiente de la roca. Se descendía por una trampilla practicable en el piso de madera, de cuyo sistema quedan huellas en el muro oeste. La primera planta tiene una aspillera adintelada que da vista por el lado sur al camino que pasa por debajo. La puerta abre al exterior en arco de medio punto de grandes dovelas, mientras que interiormente lo hace con un paso abovedado. Se cerraba la puerta con dos batientes de madera articulados por goznes labrados en la solera y en sendas piedras salientes en la parte superior; conserva también el hueco para la tranca de madera.
Puerta de acceso en arco de medio punto de la torre oriental
La segunda planta tuvo piso de madera, cuyas vigas descansaban en estrechas y bien labradas impostas, con perfil de filete, que recorren los muros mayores. Las vigas de este piso ocultaban parcialmente las dovelas del frente de la bóveda de la puerta. En esta estancia hay, además, otra aspillera en el muro sur y dos vanos adintelados y sin derrame en los lados este y oeste, que exteriormente estuvieron protegidos con dos pequeños cadalsos de madera, uno sobre la puerta y el otro prolongado en la esquina noroccidental. Todos estos vanos están situados a un metro de altura del piso. Sobre este piso se dispondría una falsa o sobrado con ventanas a ras del suelo, cubriéndose toda la obra con tejado a dos vertientes.
Entre las dos torres se encontraba el patio de armas
La torre oriental es de similares proporciones y fábrica; mide 8 metros por cuatro y una altura que supera los 20 metros desde una base que utiliza parte de la roca para apoyo de la estructura. Constaba también de un almacén y sótano y tres plantas. El primero tiene vanos aspillerados al Este y Sur, vigilando el camino. Las dos estancias superiores tuvieron pisos de madera sobre retranqueos en los cuatro lados. En la planta de acceso se conservan los elementos constructivos más interesantes de esta torre. Hay aspilleras al Norte y al Este y una letrina ubicada en el grueso del muro meridional. Consiste en un nicho adintelado, con asiento de obra y que incluye una piedra inclinada para que sirva de evacuatorio. La puerta de acceso es similar a la de la otra torre, de medio punto con bóveda de medio cañón en su vestíbulo, salvo en el detalle de sustituir las gorroneras superiores en piedra por un dintel de madera y haber sido de un solo batiente. Exteriormente la puerta da al vacío, ya que se halla separada del pequeño muro de comunicación entre ambas torres. Se unía a éste mediante una pequeña plataforma de madera, de la que se conservan las huellas en el lienzo de la torre. Sobre esta planta había otra más y, por último, tal vez una falsa que se cubría a dos vertientes.
Por último, cabe decir que el patio de armas es de muy pequeñas dimensiones debido a la estructuración del terreno; este patio de armas contaba con muros que enlazaban las dos torres, cerrando los vértices de la cima rocosa, y en él se encontraría el aljibe y alguna pequeña casa para la guarnición del castillo.
Un ajedrezado jaqués recorre el ábside la la iglesia románica de
Santa Quiteria, en Sibirana.
Al oeste del castillo, en un pequeño promontorio, se encuentra la ermita de Santa Quiteria, un sencillo y pequeño templo románico, en un estado de conservación lamentable, construido en piedra de sillería, de nave única, planta rectangular y ábside semicircular, cuyo interior del mismo es recorrido por una imposta de ajedrezado jaqués. La luz al interior la aportan tres ventanales abocinados con derrame interno. La portada se abre en el lado de la Epístola en arco de medio punto  con una única arquivolta que apea en dos columnas con sendos capiteles sencillos decorados con bolas jaquesas. En el tímpano, que aparece encalado, se puede ver el crismón trinitario aragonés. En la jamba derecha de la portada se encuentra la inscripción citada al principio, datada en el año 1110, y que pudiera ser la lápida fundacional del templo, donde se puede leer:

ANNO MCX.../[AB INCARNATIO]/NE D[OMI] NI. DOMINU[S]
PETRUS SOERA/.../...NONO
SÂN* CTI MARTINI E.../...
ET S. HYRENE Y EPY/...OCIO.../...
III N DE [EM] BRYS/...ONE.../...

Inscripción en la jamba derecha de la portada de Santa Quiteria
Esta inscripción, según algunos estudiosos, fecharía la ermita entre los años 1112 y 1146[3]
En las proximidades de Santa Quiteria existe una pequeña necrópolis con tumbas antropomorfas excavadas en la roca con cabezas de sección cuadrada.

Aunque encalado, todavía se aprecia el crismón trinitario aragonés en el tímpano
de la iglesia de Santa Quiteria

Columna de capitel sencillo con bolas jaquesas.
Iglesia de Santa Quiteria en Sibirana





[1] Martín Duque, Ángel. Documentación medieval de Leire. Siglos IX al XII, doc. 7. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1983.
[2] Aramendía, José Luis. El románico en Aragón, V. Cuencas del Aragón y el Arba. Leyere ediciones. Zaragoza,2003.
[3] Cabañero Subiza, Bernabé. Los orígenes de la arquitectura medieval de las Cinco Villas (891.1105): entre la tradición y la renovación. Cuadernos de las Cinco Villas, 3. Centro de Estudios de las Cinco Villas.


BIBLIOGRAFÍA

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En la web:
                             -www.arteguias.com. Sibirana
-www.romanicoaragones.com. Luesia. Castillo de Sibirana
-www.castillosnet.org. Castillo de Sibirana