sábado, 28 de enero de 2017

LONJA MEDIEVAL. FOTOGRAFÍAS

















miércoles, 11 de enero de 2017

UN TESORO EN FILLERA

A mediados del s. XVIII un tal Martín de Canaluche se empeñó en encontrar en Sos del Rey Católico las muchas riquezas que se ocultaban entre las ruinas de la ermita de San Pedro de Fillera. La gente del pueblo señalaba las gradas del altar mayor como el lugar más indicado para excavar y encontrar el tesoro. Y eso es lo que algunos hicieron en 1755, animados por las dotes de persuasión del de Canaluche.
Juan Blázquez cuenta: “Una vez ahondado el lugar, sacó dos palitos y les juntó las puntas pensando que uno de ellos se inclinaría e indicaría el lugar exacto del tesoro. Este sistema está basado en el utilizado por los zahorís y parece que lo aprendió en Italia, donde había vivido largos años y aprendido muchas necesidades supersticiosas”.
Pero el intento resultó fallido, y para más pena, la Inquisición hizo acto de presencia. A Martín “se le descubrieron libros con oraciones supersticiosas en latín e italiano, recetas, medallas y, sobre todo, cera en pasta, útil para sanar heridas y especialmente para hallar tesoros”. Afortunadamente en este caso, la sangre no llegó al río[1].




[1] Blazquez Miguel, Juan. Eros y Tánatos.Toledo, 1989, pp.182-183; el autor menciona como fuente original el A.H.N. Inq. Leg. 3735/394. En Tesoros ocultos y riquezas imaginarias de Zaragoza.Alberto Serrano Dolader, pag. 119, D. P. Z, Area de Cultura, 2002.

ERMITA DEL CASTILLO DE ROITA


Junto al castillo de Roita(ver) existió una iglesia románica que actualmente está totalmente derruida.
Muy poco se sabe de ella, por lo que también son escasas sus referencias.
Juan Bautista Labaña ya dijo en 1610 que en Roita existía una ”iglesia grande”. En 1983 Amado Martínez Biel la descubrió, y posteriormente Mª Jesús Berraondo nos da noticias de este templo en la revista Suessetania[1].
Tampoco sabemos a quién está dedicada la iglesia, pero Mateo Suman indica que la parte de Roita correspondiente a la zona en la que nos encontramos era propiedad, iniciado el siglo XIX, de D. Alejandro Borgas y Marco, que tiene en el lugar una gran casa con dos vecinos (unas 14 personas) y un oratorio, sito en un montecillo cercano a la casa, dedicado a San Josef[2]Esta podría ser la ermita de Roita que nos ocupa, porque existía otro oratorio en Roita que estaba junto a la casa del administrador del resto de los montes del término, que pertenecían al Conde de Giraldeli, donde vivía con su familia y criados, y estaba ubicada monte abajo, a mitad de descenso de los montes en dirección a Ceñito[3], totalmente derruido actualmente.
Igualmente desconocemos quién la mandó construir ni cuándo, aunque teniendo en cuenta la historia del castillo y los pocos restos que quedan de ella podría ubicarse su construcción entre el reinado de Sancho el Mayor y Ramiro II (siglos XI-XII)
Sea como fuere, sólamente unas pocas piedras nos recuerdan su existencia, por lo que su identificación y localización sobre el terreno resulta muy difícil si no nos hemos informado con anterioridad de su exacta ubicación. Es más, tal es el estado de ruina que, si subimos hacia el castillo de Roita, cruzaremos por lo que fuera el interior de la nave de la iglesia sin darnos cuenta de su presencia, por lo que vamos a dar algunas indicaciones para identificar su asentamiento.
Inicio del sendero hacia el castillo de Roita

          A la derecha de la derruida construcción que hay junto al camino forestal por el que hemos venido, justo antes de comenzar la última ascensión al castillo, observamos una marca que nos indica el inicio del sendero que nos llevará hasta la propia base de la fortificación. Es una estaca de madera clavada en el suelo cuya parte superior está pintada con dos franjas de pintura: blanca y roja. Apenas a 60 metros de aquí llegaremos al lugar donde estaba la ermita.



Piedras desparramadas, árboles y vegetación forman un mismo conjunto






          Piedras que afloran en el suelo, pequeños trazos de muro, sillares desparramados que se confunden con la espesa vegetación, árboles, ramas, arbustos, hojarasca, musgo...todo ello en perfecta armonía con la naturaleza pasa desapercibido ante nuestros ojos. Es hora de activar la imaginación y de hacer un análisis del terreno.
El ascenso hacia el castillo por el sendero nos ha conducido hasta un lugar rocoso en el que, aunque no se observa claramente una horizontalidad del terreno, podemos imaginárnosla, dado que estamos en una plataforma rocosa que sirvió de planta para la iglesia. Ahora sólo hay que mirar a nuestro alrededor y hacer un análisis de todo cuanto nos rodea.
Restos del muro norte y acceso al interior del templo





          El templo era de una sola nave, orientada, y tendría aproximadamente unos 16 metros de longitud por 10 de ancho, según los sillares que afloran en algunas zonas del terreno. A nuestra izquierda, junto al sendero, veremos un bloque de piedras formado por 5 o 6 hiladas en altura, viendo que las de la primera hilada están asentadas en una plataforma algo más ancha. Este sería el vano de la puerta de acceso al templo, situado en su muro norte, y que, a tenor de los restos encontrados siguiendo la dirección del muro, podemos ver que éste formaría parte, posiblemente, de una muralla perimetral, que siguiendo la plataforma rocosa compuesta por grandes bloques de piedra, configuran un recinto defensivo amurallado.
En el lado izquierdo del muro norte puede verse el hueco para alojar la tranca
de cierre de la puerta

     
          Otro detalle nos confirma que estamos ante la entrada del templo: en la penúltima hilada que se conserva en altura, y en uno de los lados, advertimos el hueco labrado en la piedra para alojar la tranca de cierre de la puerta. En el lado que correspondería al interior del templo observamos que los sillares están mejor labrados que los del resto de la edificación y en este y otro tramo anterior del muro se dejan entrever los salientes de unas pilastras que es de suponer soportarían el abovedamiento de la nave a través de arcos fajones.
Zona interior del ábside, donde los árboles crecen a su antojo
Con estos datos ya tenemos ubicado y orientado el templo. Ahora se trata de seguir imaginando la estructura de la ermita siguiendo el rastro que nos dejan las piedras allí existentes, obviando, claro está, los árboles, ramas y arbustos que han crecido en lo que sería el interior de la ermita, por ejemplo dentro de lo que sería el cilindro absidal, donde la vegetación lo cubre todo, pero todavía se pueden ver alguna de las hiladas que lo formaban, comprobando, como antes hemos visto, que su talla es de peor fábrica que los sillares que dan al interior, así como su peor disposición, lo que nos hace pensar que muy probablemente la iglesia se derrumbara parcialmente en algún momento y posteriormente se volviera a reconstruir. Según García Omedes, este ábside tendría un vano en su centro, a tenor de una piedra que encontró en las proximidades y que vendría a ser la pieza interior del medio punto del vano.
Afloramientos de piedras nos delimitan el perímetro del templo










          Si continuamos “leyendo” las piedras que afloran y seguimos con la imaginación, observaremos también la articulación interior del lado norte entre la cabecera y la nave. Si proyectamos en el suelo la línea imaginaria del perímetro del templo, encontraremos afloramientos rocosos que nos definirán perfectamente esta línea, aunque hay muchos tramos en los que no se advierten prácticamente nada, sobre todo en lo que sería el muro sur.
Cabecera de tumba antropomorfa ante la entrada al templo.
La parte que falta  hace de escalón para acceder al interior de la iglesia

          Un detalle curioso lo encontramos en la misma senda por la que hemos accedido a la planta de la iglesia. Justo antes de pisar el interior del templo, por la misma senda, accedemos a la plataforma a través de una roca que hace las veces de escalón. Si nos fijamos bien, este “escalón” no es sino una tumba antropomorfa, ya rota, cuyo tramo medial es el que hace de escalón, y en la que todavía puede distinguirse el tramo cabecero de la misma orientado hacia poniente. Es una tumba de las mismas características que la existente bajo los ábsides de la iglesia de Sos del Rey Católico, indicando la existencia de una necrópolis junto al templo, en su lado norte.
Sillares caídos de todos los tamaños, algunos de ellos dovelados, los encontramos desparramados por los alrededores, así como otros diseminados en las proximidades del templo, y que formarían parte de algunas casas que siglos atrás se levantaron en la zona.

Restos de lienzos de muros hacen pensar en la existencia de una muralla perimetral

Piedras y sillares esparcidos por los alrededores nos indican la anterior existencia de casas en el lugar





[1] Berraondo, Mª. J. “Sos del rey Católico. ¿Una ermita junto a Roita?” Rev. Suessetania nº 14.
[2] Suman, Mateo. Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas, p. 130.
[3] Ibidem, p. 129.






BIBLIOGRAFÍA


-BERRAONDO, Mª. JESÚS. “Sos del rey Católico.¿Una ermita junto a  Roita?” Revista Suessetania nº 14. 1998.
-SUMAN, MATEO. Apuntes para el Diccionario geográfico del Reino de Aragón. Partido de Cinco Villas. Según el ms. 9-5723 de la R.A.H. de 1802. Edición de Josefina Salvo Salanova y Álvaro Capalvo Liesa. I.F.C., D.P.Z. Zaragoza, 2015.
En la web:
http://www.romanicoaragones.com. A. García Omedes. Iglesia del castillo de Roita

domingo, 8 de enero de 2017

NATURALEZA Y POESÍA EN SOS. 8-LA ALIAGA


Aliaga, aulaga o tojo (genista scorpius)
             La aliaga (genista scorpius), también llamada aulaga o tojo, es un arbusto leñoso de la familia de las fabáceas (leguminosas) cuyas hojas han sido sustituidas por espinas. Crece en suelos calizos hasta más de los mil metros de altitud, siendo un arbusto muy abundante en los montes de Sos,  lindes de terrenos cultivados y cunetas de caminos y veredas de nuestra comarca, llegando a extenderse con facilidad en  zonas calcinadas por el fuego o en terrenos baldíos. Las flores de este arbusto presentan un color amarillo muy vivo, estando formado el cáliz por dos hermosos y largos labios tan largos como la corola.
             El célebre escritor español de la Generación del 98 D. Miguel de Unamuno describe el paisaje de la isla de Fuerteventura cuando en 1924 fue desterrado a esta isla por condenar el régimen militar de Primo de Rivera. En la descripción que hace de esta desértica isla, poblada de aliagas, no hace sino relacionar el aspecto de la aliaga con la aspereza y dificultades de su adverso presente, proyectando sus ideas y pensamientos sobre el paisaje en las formas espinosas y semisecas de la aliaga, pero a la que todavía le queda la suficiente fuerza interior como para  ofrecernos en primavera unas coloridas y preciosas flores, reflejando fielmente el significado que la aliaga tiene en el lenguaje de las flores, cuyo simbolismo indica un duro destino y su posterior superación. La floración de la aliaga resulta ser para Pascua de Resurrección, signo de esperanza que indica que, aunque parezca que todo está perdido, es posible superar las circunstancias más adversas.
          En la “aulaga majorera”, en los “Artículos y discursos sobre Canarias”, escrito en prosa, Unamuno describe la aliaga de la siguiente manera:
…pero en los campos de pedregales calcinados solo se arrastra la aulaga. ¡pobre aulaga!...la aulaga es un esqueleto de planta toda ella de espinas, sin hojas, pero en primavera con flores…sus desnudos y delgados tallos, armados de espinas, no se adornan más que con unas florecillas amarillas…esquelética es la aulaga, el pobre tojo que reviste estos pedregales, esta mata que es toda ella espina y flores, sin hojarasca alguna, escueta, enjuta,...

Miguel de Unamuno

             


             



            Cuando paseemos por los caminos, campos y montes de Sos y veamos las aliagas no olvidemos su significado, pues aunque nos sintamos deprimidos o desesperados ante las adversidades y los problemas cotidianos, existe en nuestro interior una fuerza natural que, al igual que la aliaga, florecerá y saldrá a la luz, haciendo desaparecer cualquier contratiempo, infortunio o dificultad.







BIBLIOGRAFÍA

-NAVARRO ARTILES, FRANCISCO. Unamuno: Artículos y discursos sobre Canarias. Cabildo Insular de Fuerteventura.1981.
-PÀEZ MARTÍN J. JESÚS. “Una tensión lírica unamuniana”, en Miguel de Unamuno: Estudios sobre su obra.1. Actas de las IV Jornadas Unamunianas. Salamanca, 18 al 20 de octubre de 2001, pp. 13-27. Ed. Ana Chaguaceda Toledano. Ediciones Universidad de Salamanca. Salamanca, 2003.
En la web:
-Wikipedia. Miguel de Unamuno.
-https://es.wikipedia.org/wiki/Genista_scorpius









LA EDUCACION EN LA EDAD MEDIA EN SOS


        La educación de la gran mayoría de los habitantes de Sos hasta y durante la Edad Media era casi nula. Sólamente los clérigos de la iglesia de San Esteban dominaban los principios más elementales de la lectura y escritura, siendo éstos quienes instruían a los habitantes basándose únicamente en el cristianismo, la fe cristiana y en los Mandamientos de Nuestro Señor, es decir, que la educación en la Edad Media para la gran mayoría de los habitantes fue totalmente dogmática.
La mayoría de los clérigos de Sos provenían de familias pudientes, habiendo recibido sus primeros estudios en las escuelas monacales ubicadas en los monasterios donde, además de la lectura y escritura, adquirieron conocimientos elementales de lengua latina, textos bíblicos y otras artes,  lo que les habilitó también para ejercer en la sociedad otros tipos de trabajos y actividades a los que las clases menos favorecidas no podían optar, como el trabajo de notario, atestiguándose la presencia en Sos de varios notarios entre clérigos de los linajes de los Español de Sos,los Ampiedes, los Sada, los García de Urriés, los Sen o los Sos, lo que evidencia que miembros de estos nobles linajes dominaban esta instrucción primaria,  a la vez que de este modo pasaban a formar parte de la élite de la sociedad sosiense.
Pero este aprendizaje también se podía obtener en la propia villa pagando a terceras personas para que enseñasen a leer y escribir a sus hijos, como hizo en 1427 Juan Ximénez de Burriel, vecino de Castilliscar, quien formalizó un contrato con don Martín Martínez y con Sancha de Aninés, vecinos de Cáseda, para que enseñasen a leer y escribir a su hijo Juan durante doce años a cambio de seis florines de oro anuales  [1], por lo cual, sólamente las familias más privilegiadas de la villa podían instruir y dotar de una básica educación a sus hijos, siendo el resto de la población, la gran mayoría, analfabetos.                                   
     Con el Renacimiento los estudios clásicos introdujeron cierta libertad de espíritu propiciando la creación de la Universidad y, con ella, notables cambios en la educación y enseñanza, preparando los futuros progresos, pero siempre bajo una fuerte influencia del cristianismo. En Sos no hubo Universidad, y en Zaragoza no se instituyó hasta bien entrado el siglo XVI, pero existía en Uncastillo desde principios del siglo XIV un Estudio donde se impartía la disciplina de Gramática. Esto hizo que las familias más acomodadas de Sos pudieran enviar a esta localidad a los clérigos miembros de su familia para ampliar sus conocimientos. Es por esto que el capítulo de San Esteban estatuyó en el año 1507 la posibilidad de ausentarse de la localidad a los beneficiados oriundos de Sos para ampliar sus conocimientos en el Estudio de Uncastillo, donde en el siglo XV ya se impartían también las disciplinas  de Lógica y Filosofía.[2]
Además de Uncastillo,  en la segunda mitad del siglo XV, los clérigos de Sos también tuvieron la posibilidad de acudir a la capital del reino donde, pese a no existir todavía la Universidad, se asistió a un florecimiento cultural en el último cuarto de siglo que coincidió con la introducción de la imprenta y con la concesión del monarca Juan II en el año 1476 por la cual la Escuela de Artes de la ciudad pasó a constituirse como Estudio General. Se tiene constancia documental de que algunos clérigos de Sos viajaron a principios del siglo XVI a Zaragoza para mejorar su nivel intelectual en este centro educativo, como evidencia el nombramiento en febrero de 1508 de procuradores por parte de Gil de Sos y de Miguel Pérez, racioneros de Sos y residentes en el Estudio Mayor de Zaragoza, para recibir su ración del capítulo de la iglesia de San Esteban[3], o la procuración que en el mismo sentido hizo Pedro de Morlanes en mayo de 1510[4].

       Pero también clérigos de Sos salieron a estudiar fuera del reino, como fue el caso de Juan de Sos, racionero de la iglesia parroquial, que desde 1511 fue estudiante de cánones, al menos durante cuatro años, en el Estudio de Salamanca, lo que originó un pequeño pleito con el capítulo de San Esteban porque le negaron las rentas correspondientes a este cuatrienio, teniendo que intervenir un juez apostólico y conservador de los derechos del Estudio para conminar a los religiosos de Sos a satisfacer al estudiante lo adeudado[5].
Los clerigos de Sos, además de la formación obtenida en los Estudios de Artes y en los Estudios Generales, también poseían libros propios que les ayudaron a ejercer su labor pastoral, como así se atestigua en los testamentos de 1456 de Juan de las Fillas, en el que mandó que se vendiese un breviario para que se realizasen misas por su alma por la suma que se alcanzase[6], o una Biblia, un salterio y un ejemplar del Manipulus Curatorum que el vicario don Juan de Narbayz ordenó en su testamento que se vendiesen para destinar el dinero obtenido a los pobres[7].
Colegio Escuelas Pías "Isidoro Gil de Jaz". Sos del Rey Católico
         Pero los clérigos,además de libros religiosos, también poseían otros de diversas materias, como demuestra el hecho de que el racionero García del Parral dejase en su testamento de 1463 el libro de los Fueros y otros textos, que no especificó, a Martín de Ampiedes[8].
Es decir, que durante la Edad Media en Sos, la cultura era patrimonio de unos pocos privilegiados; sólo los clérigos y algunos miembros de la élite de la sociedad poseían algún tipo de conocimiento y estudios que les permitió conquistar ciertos puestos de trabajo que los situaron en el escalafón más alto de la sociedad.La clase más desfavorecida solo pudo acceder a un tipo de educación profesional o artesanal enviando a sus hijos a vivir a casas de maestros artesanos hasta que aprendieran todo lo relacionado con el oficio artesanal correspondiente, pero seguían siendo analfabetos.
Hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que todos los niños de Sos tuvieran educación. Además, gratuita. Ese fue el legado de Dn. Isidoro Gil de Jaz, que tras fundar el colegio de los escolapios se impartió escuela y bachillerato gratuito y universal durante más de 200 años en la villa de Sos, además de cátedras de filosofía y teología, dejando de ser la cultura patrimonio exclusivo de unos pocos para pasar a ser una realidad apta para todos los vecinos.(ver)
Sos alcanzó en el siglo XVIII el porcentaje de escolarización más alto de todo Aragón, siendo actualmente nula la tasa de analfabetismo de la población del municipio.




[1] A.H.P.S., Miguel Martínez de Sada, p. 354, f. 122.
[2] A.H.P.S., Juan Coscón, p. 867, ff. 38-38v.
[3] A.H.P.S., Gil García de Urriés, p. 505, ff.3-4.
[4] A.H.P.S., Gil García de Urriés, p. 506, f.4.
[5] A.H.P.S., Gil García de Urriés, p. 507, f. 14v.
[6] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 390, ff. 34-35.
[7] A.H.P.S., menor de días, p. 394, ff. 98-99.
[8] A.H.P.S., Martín de Ampiedes, p. 394, ff. 2v-3v.








BIBLIOGRAFÍA


-ABELLÁ SAMITIER, JUAN. Sos en la Baja Edad Media. Una villa aragonesa de frontera. I.F.C. (C.S.I.C.) Zaragoza, 2012.

-CUEVA GONZÁLEZ, DIONISIO. Las escuelas Pías de Aragón. Gobierno de Aragón.